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El único camino razonable

Será difícil resolver el conflicto de Catalunya si Rajoy no toma la iniciativa con medidas que reparen las fisuras de la convivencia
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Uno de los tres grandes asuntos que trató el Rey en su discurso de Nochebuena fue el conflicto catalán. Aunque el planteamiento del monarca fue inobjetable también en este asunto, parece necesario aclarar que la posición del Rey sobre esta cuestión fue compleja, por lo que no caben las simplificaciones. En efecto, Felipe VI se lamentó de la ruptura sentimental, que nos duele a muchos, y solicitó que se mantenga la unidad bajo el espíritu de la Constitución de 1978, «que es la garantía de una convivencia democrática, ordenada, en paz y libertad». También el monarca reclamó el reencuentro emocional con Catalunya mediante un esfuerzo leal y sincero, y añadió finalmente: «Y sigamos construyendo todos juntos un proyecto que respete nuestra pluralidad y genere ilusión y confianza en el futuro». La reflexión del monarca incluyó por tanto un futurible que formaría parte de la solución -ese seguir «construyendo juntos un proyecto que respete nuestra pluralidad»- pero también puede entenderse que ha de bastar con acatar la Constitución para resolver el conflicto. De ahí que convenga manifestar que es altamente improbable que Catalunya se sosiegue, que los afectos se restauren, si no media una reforma del statu quo que repare las fisuras de la convivencia que no pueden enmendarse sin cirugía. En definitiva, del mensaje del Rey tampoco se desprende que desapruebe la reforma constitucional. Que tome nota Rajoy.

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