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El único delito

Antoni Coll i Gilabert

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Hungría ha reforzado su frontera con Serbia con una valla de 175 kilómetros de alambradas con cuchillas cortantes, guardias de vigilancia y penas de cárcel a quienes la estropean. La cerrazón ha obligado a los inmigrantes procedentes de Serbia a dirigirse a Croacia, siempre con la idea de alcanzar algún día Alemania o Suecia, países de destino favoritos.

Su único delito consiste en desear sobrevivir. La mayoría son sirios, llegados a través de Turquía. Escapan de un infierno. En Siria los cuatros años de guerra ya han producido más de 300.000 muertos y cuatro millones de refugiados. Han hecho cientos de kilómetros para alcanzar una vida mejor.

Muchos mueren en el largo peregrinaje. El caso más conocido, el del pequeño Ailan, de tres años. Desde la costa turca hasta la isla griega de Kos sólo hay 20 kilómetros. Desde una orilla se ve la otra. Solo hace falta que alguien les dé la mano.

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