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El valor de un modelo garantista

La pasada semana, Robert DuBoise pudo abrazar a su madre frente al Correccional de Hardee, después de pasar casi cuatro décadas en prisión por una violación y un asesinato que jamás cometió
 

Dánel Arzamendi Balerdi

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El valor de un modelo garantista

El valor de un modelo garantista

Como cada noche, Barbara Grams volvió a pie desde el centro comercial de Tampa donde trabajaba. Pero nunca llegó a su casa. El cadáver de esta joven fue hallado la madrugada del 19 de agosto de 1983, arrojado en el patio trasero de un consultorio dental. El cuerpo mostraba signos de una violencia extrema, y la autopsia demostró que también había sido violada. La policía comenzó sus pesquisas para localizar al asesino, en una época en que los procedimientos de identificación mediante ADN apenas habían dado sus primeros pasos. Tras tomar declaración a los vecinos, un lugareño señaló a un tipo que había «causado problemas» en un local de la zona la noche de la tragedia. Aquel individuo se llamaba Robert DuBoise.

Los forenses habían fotografiado algunas marcas en el cuerpo de Grams que parecían ser fruto de mordeduras humanas. El odontólogo Richard Souviron, colaborador habitual de la policía, recomendó a las autoridades que comenzaran a recopilar información dental de los posibles sospechosos. Los agentes solicitaron un molde bucal de DuBoise para cotejarlo con aquellas impresiones y localizaron una coincidencia. Bingo. El joven, que entonces contaba 18 años de edad, fue inmediatamente arrestado y trasladado a la Cárcel del Condado de Hillsborough. Aunque la prueba no parecía suficientemente sólida para lograr una condena, la ciudadanía celebró que el monstruo hubiese sido retirado de las calles. Afortunadamente, pocos días después de su ingreso en prisión, un compañero de módulo afirmó haber escuchado al detenido autoinculpándose por los hechos investigados.

Gracias a la prueba dental y al testimonio del informante, en marzo de 1985 un jurado popular consideró a Robert DuBoise culpable de los delitos que se le imputaban, y recomendó al tribunal que le condenara a cadena perpetua. Sin embargo, atendiendo a la brutalidad del ataque, el juez desoyó esta recomendación e impuso la pena de muerte. La lentitud con que suele aplicarse la pena capital en EEUU, especialmente en los casos que muestran más dudas, provocó que el preso tardase más de tres décadas en acceder al corredor de la muerte. Durante ese tiempo, allá por el año 2006, DuBoise había presentado una moción para realizar pruebas de ADN posteriores a la condena, pero un año después recibió la confirmación de que el kit de violación había sido eliminado por la Oficina del Secretario del Condado de Hillsborough. Y así, desde 2017, el recluso estuvo esperando su cita con la silla eléctrica desde la milla verde.

Sin embargo, hace un par de años, The Innocence Project se interesó por el caso de DuBoise y comenzó a estudiarlo. A medida que profundizaba en sus indagaciones, esta organización veía mayor inconsistencia en la investigación llevada a cabo en 1983. El año pasado se pusieron oficialmente en contacto con la Unidad de Revisión de Condenas de la Oficina del Fiscal de Florida para revisar conjuntamente las dos pruebas aportadas en el juicio: la muestra dental y el testimonio del confidente.

Por lo que se refiere a la primera, el cotejo de marcas de mordedura es un método probatorio muy desacreditado desde hace tiempo en la justicia estadounidense. Para colmo, el odontólogo forense Adam Freeman, gracias a los avances de los últimos años, llegó a la conclusión científica de que la marca que se tomó como referencia en el cuerpo de Barbara Grams ni siquiera era fruto de una mordedura. Y respecto del informante, él mismo reconoció durante la investigación que el principal detective del caso era un «muy buen amigo». De hecho, el delator fue inmediatamente excarcelado, pese al dictamen contrario de la Comisión de Libertad Condicional. Por si fuera poco, el confidente logró que la cadena perpetua que la fiscalía pedía para él fuera rebajada mediante acuerdo a una condena a cinco años de prisión.

En paralelo al estudio de ambas pruebas, The Innocence Project investigó la extraña destrucción de la muestra de semen recogida en el cuerpo de la víctima. Aunque la abogada Teresa Hall constató que gran parte de las pruebas físicas habían desaparecido, localizó el kit de violación en las oficinas del Médico Forense de Hillsborough. La muestra no había sido eliminada, como se dijo en 2007, sino sospechosamente extraviada. El ADN de DeBoise fue comparado con aquel semen y el resultado fue negativo. De hecho, el registro CODIS identificó al titular de aquel código genético, un individuo ya fallecido y sin ninguna vinculación con el condenado.

La pasada semana, Robert DuBoise pudo abrazar a su madre frente al Correccional de Hardee, después de pasar casi cuatro décadas en prisión por una violación y un asesinato que jamás cometió. Entró con 18 años y ha salido con 56, toda una vida destrozada. El fiscal Andrew Warren reconoció que nunca podrán devolverle el tiempo perdido: «Pido disculpas al señor DuBoise en nombre de todo el sistema judicial. Cuando la ciencia nos dice que hemos encarcelado a la persona equivocada, debemos escuchar y actuar. Las condenas erróneas erosionan los cimientos de nuestro sistema judicial. Durante 37 años hemos tenido a un hombre inocente encerrado en prisión, mientras que el verdadero autor nunca fue responsabilizado por este crimen atroz».

En nuestro entorno cercano, son recurrentes las quejas de la ciudadanía por la aparente protección que obtienen los sospechosos desde diferentes instancias de nuestro sistema judicial, considerado frecuentemente una rémora hipergarantista que impide una convivencia justa y segura. Sin duda, son muchos los casos en que ciertas muestras de escrupulosidad resultan difícilmente entendibles. Aun así, contemplando casos como el de Robert DuBoise, parece más prudente que nos pasemos por garantistas que por todo lo contrario. Como escribió Benjamin Franklin, parafraseando a William Blackstone, «es preferible que mil culpables puedan escapar, a que un solo inocente sufra».

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