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El veto a comer en la calle

Sorprendió el Ayuntamiento a finales de julio prohibiendo, de un día para otro y sin avisar, las comidas populares que se cocinan en la calle
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Sorprendió el Ayuntamiento a finales de julio prohibiendo, de un día para otro y sin avisar (a la prensa por lo menos), las comidas populares que se cocinan en la calle. Esas habituales sardinadas, paelladas, tortilladas, chistorradas y demás que salpican de gastronomía campechana nuestro calendario. Yque tire la primera piedra quien no participe en una o dos de ellas al año.

Argumenta el consistorio que por temas de ocupación en la vía pública, de olores y sobre todo de seguridad, se genera siempre, en estos casos, un «conflicto de intereses» entre vecinos y organizadores. Y, en efecto, es primordial que quien hace fuego o maneja una bombona de butano sepa de qué va el asunto. Pero, más allá de la seguridad, no me parece ningún suplicio soportar una o dos veces al año esas «molestias» que enumera la nueva normativa. Y, sobre todo, no me parece que existiera una demanda social, ni latente ni manifiesta, que exigiera la intervención reglamentaria del consistorio.

Al final resulta que sólo se autorizarán de forma automática las que formen parte de fiestas vecinales, porque se sobreentiende que los organizadores son al mismo tiempo los potenciales perjudicados y por tanto no hay tal conflicto. Pero el resto de actos de este tipo se estudiará caso por caso. Y son muchos. Algunos de ellos verdaderos tótems del programa de fiestas de Santa Tecla. ¿De verdad existía, de facto, ese conflicto de intereses? ¿De verdad alguien reclamaba la nueva norma? ¿De verdad era tan urgente?¿De verdad había que aprobarlo un viernes de julio, casi de noche y sin avisar?

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