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Elecciones generales: una simulación

La presencia de fuerzas emergentes otorga sin embargo gran volatilidad al panorama político
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C arles Castro es un periodista catalán especializado en análisis electoral, profesor de Periodismo en la Universidad Pompeu Fabra y quien mejor desgrana en la prensa española, a través del periódico catalán de más tirada, las encuestas electorales. Su último trabajo, aparecido este domingo, es una simulación de los resultados electorales según las últimas encuestas, con mayor énfasis en el último sondeo del CIS publicado en julio. Castro elabora una hipótesis de distribución territorial del voto y calcula los escaños que obtendría cada partido, y el resultado es el siguiente:

El PP obtendría 126 escaños (entre el 24,5% del voto y 104 escaños, y 30% y 130 escaños; el CIS le da el 29,2%). El PSOE, 105 escaños (entre el 22,3% y 92 escaños, y el 27% y 110; el CIS le da el 24,9%). Podemos, 53 escaños (entre el 15,7% y 53 escaños, y el 19% y 68; el CIS le da el 15,7%). Ciudadanos, 26 escaños (entre el 12% y el 13% y hasta 33 escaños; el CIS le da al 11,1%). Finalmente, Izquierda Unida, 2 escaños (la mejor estimación le da el 4,9% y 4 escaños; el CIS le augura el 3,7%).

Estos datos ofrecen un panorama tremendamente complejo, que sin embargo contiene un elemento estabilizador: la pervivencia del modelo bipartidista surgido de la transición y consecuencia de la ley electoral pactada entonces (antes de las primeras elecciones generales del 15 J de 1977, también con un gran consenso). Además, del estudio realizado se desprende una evidencia de interés: si Podemos se obstina en no pactar con Izquierda Unida, se producirá un gran despilfarro de votos ya que, si por separado ambas formaciones conseguirían 55 escaños, juntas rozarían los 70. Hipótesis esta controvertible porque probablemente tenga razón Pablo Iglesias cuando afirma que si el electorado percibe que Podemos está ubicada en el espacio de la izquierda radical -en el mismo lugar que IU-, tan sólo conseguirá el exiguo nicho de votantes que ha logrado hasta ahora Izquierda Unida. Con los mimbres mencionados, la gobernabilidad resultará trabajosa. PP y Ciudadanos apenas sumarían 152 escaños, con lo que no habría modo de formar gobierno sin contar con las minorías nacionalistas, algo totalmente impensable en las actuales circunstancias. El PSOE y Podemos, la opción alternativa más lógica, apenas sumaría 158 escaños, aunque en este caso sí cabría la posibilidad de contar con el voto de algún sector nacionalista. Y, por supuesto, ambas formaciones alcanzarían las proximidades de la mayoría absoluta si Podemos e Izquierda Unida sumaran fuerzas, hecha la salvedad apuntada más arriba.

La presencia de fuerzas emergentes, todavía no plenamente identificadas por el electorado, otorga sin embargo gran volatilidad al panorama político. Podemos, que consiguió convertirse en la segunda fuerza en el último sondeo del CIS del año pasado, es una fuerza seriamente a la baja, y los demógrafos aseguran que no ha terminado de caer todavía. También declina Ciudadanos, en una cuantía semejante al ascenso que parece experimentar el Partido Popular. También el PSOE, que se consolida, ve crecer sus expectativas. En definitiva, el plazo que aún resta hasta las generales, que tendrán lugar a finales de noviembre o el 13 de diciembre (los otros domingos de diciembre están demasiado cerca de las festividades solemnes del mes), será decisivo para que se fijen las posiciones definitivas. Destaca Castro que mejora la percepción de la coyuntura y se reduce el impacto de la corrupción, lo que beneficiaría teóricamente al PP. El PSOE, por su parte, suscita cada vez menor rechazo. No tiene sentido hacer más cábalas: la situación esta sin duda muy abierta.

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