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Elecciones primarias

Los partidos tienen que abrirse a sus bases. En esa apertura ha estribado en buena medida el éxito de los partidos nuevos

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La Constitución establece que «la estructura interna y funcionamiento (de los partidos políticos) deberán ser democráticos». El mandato es explícito pero confuso porque la palabra democracia es fuertemente polisémica (cohabita con distintas significaciones). Y a cumplimentarlo se encaminan las llamadas elecciones primarias, mediante las cuales los líderes de las organizaciones políticas y los candidatos a cargos electos son elegidos directamente por las bases, o por los simpatizantes, o por ambos. El viejo sistema de gobernanza democrática de los partidos, que consistía en la elección de compromisarios que tomaban las decisiones en los congresos, también era y es democrático. Sin embargo, la evidencia de que los partidos políticos han sido, son todavía en cierta medida, instituciones oligárquicas, muy distanciadas de la ciudadanía y cerradas a la participación, ha estimulado la exigencia de elecciones primarias. El modelo norteamericano, tan consolidado y eficaz, ha marcado la pauta, y hoy la reclamación popular pasa por este sistema, sin ninguna duda. En definitiva, los partidos tienen que abrirse por imperativo popular. En esa apertura ha estribado en buena medida el éxito de los partidos nuevos, y a ella se acogen algunos viejos partidos irremediablemente. Menos el PP, que no quiere correr riesgos. Su modelo es también democrático pero no está en la onda. Es un riesgo que no favorece el cambio y que se basa en recelos poco comprensibles.

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