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Eludir la culpa indiscriminada

Debemos eludir cualquier tentación de culpabilización indiscriminada y, por supuesto, las tentaciones electoralistas
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El gravísimo atentado de París ha tenido lugar -significativamente- cuando en Europa se ha engendrado un oscuro debate sobre el islamismo. Grupos radicales, intransigentes, se han movilizado para impedir el ascenso del Islam en nuestros viejos países, y, consiguientemente, para frenar la inmigración que lo introduce en nuestras sociedades. La propia Merkel, en su mensaje televisado de fin de año, ha tenido palabras muy duras contra quienes quieren que renazcan argumentos raciales en Alemania. Según datos de febrero pasado, en España viven 1.732.191 musulmanes, aproximadamente el 3% de la población total, según el Estudio Demográfico de la Población Musulmana, y el Observatorio Andalusí. La inmensa mayoría de estas personas son ciudadanos honrados que acatan escrupulosamente las normas de convivencia. De igual modo, la inmensa mayoría de inmigrantes musulmanes que logran acceder a nuestro país son respetuosos con nuestro ordenamiento. Es preciso, pues, distinguir el grano de la paja, poner en tensión las fuerzas de seguridad del Estado para detectar a los violentos, acentuar el esfuerzo de los servicios de información que tantos éxitos han conseguido en la lucha contra el terrorismo. Y eludir cualquier tentación de culpabilización indiscriminada: sólo quienes matan y quienes incitan a matar deben ser golpeados con todo el peso insobornable de la ley. Y por supuesto lejos de tentaciones electoralistas.

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