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En clase, separados; en el tren, juntos

No se entiende, por ejemplo, que nos estemos volviendo locos para diseñar unas clases con pocos alumnos que deben estar separados entre ellos por un metro y medio

ÁLEX SALDAÑA

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En clase, separados; en el tren, juntos

En clase, separados; en el tren, juntos

Vaya por delante que siento un gran respeto por las personas que están gestionando y dando la cara en esta pandemia, pese al alud de críticas que están recibiendo. Es evidente que han cometido errores, como lo han hecho prácticamente todos sus colegas de la mayoría de los países –ciertamente, algunos más que otros–, pero no hay que obviar que estamos ante una situación inédita para la que no existía un manual de instrucciones que seguir. Bien, dicho esto, y como lo cortés no quita lo valiente, hay que destacar que llaman la atención, por contradictorias e incongruentes, algunas de las medidas adoptadas, imagino que fruto de intentar mantener ese difícil equilibrio entre priorizar la salud y tratar de reducir el riesgo de contagios, por un lado, con el regreso a la actividad económica para que este maldito bicho no nos mate también de hambre, por el otro. Y es que no se entiende, por ejemplo, que nos estemos volviendo locos para diseñar unas clases con pocos alumnos que deben estar separados entre ellos por un metro y medio, y que, sin embargo, podamos viajar durante cuatro o más horas en un tren o un avión a apenas unos centímetros de personas a las que no conocemos de nada ni sabemos con quién han estado ni de dónde vienen. Sí, ya sé que se trata de rentabilidad, pero no estaría mal un poco más de coherencia.

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