Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Opinion EDITORIAL

En defensa de la Constitución

En Alemania y Suecia los partidos demócraticos no pueden aliarse con los radicales. En España ocurre lo contrario con VOX

 

Diari de Tarragona

Whatsapp

Una de las frases más solemnes del discurso de investidura de Juanma Moreno como presidente de Andalucía ha sido aquella en que rechazó los ‘cordones sanitarios’. La tesis es muy controvertible, aunque a él le conviniera exhibirla porque necesitaba los votos de Vox, que, en efecto, le dieron la mayoría absoluta necesaria para convertirse en presidente de Andalucía en primera votación.
Vox es una organización de extrema derecha, y su éxito en las elecciones andaluzas fue celebrada por todas llas organizaciones de extrema derecha, con el partido de Le Pen a la cabeza. No hay, pues, dudas razonables sobre su enclavamiento, aunque no todas las definiciones sean rotundas todavía. El propio concepto de ‘extrema derecha’ es moderno y hoy resulta relativamente ambiguo ya que no todos los partidos de ese signo reconocen familiaridades con el fascismo y el nazismo que gestionaron los genocidios que situaron al totalitarismo de ese signo fuera del código de valores internacional.
El partido Vox acaba de adquirir notoriedad con su buen resultado en Andalucía. Algunos elementos sostienen la sospecha de que estamos en presencia de una extrema derecha dura: sus reticencias a las políticas de género, que parecen contener un machismo indisimulado que atenta contra la igualdad de sexos, un valor que ya figura en los códigos de derechos humanos inalienables; su racismo más o menos explícito, que se fundamentaría en la postergación del extranjero frente al español; y su rechazo a las leyes de memoria histórica, que no son sino artefactos jurídicos de condena de la dictadura franquista y de reparación de sus desmanes, que entran en el capítulo de los crímenes contra la humanidad (los 50.000 fusilados tras la guerra civil). Si estas características se confirman y consolidan, el cordón sanitario a la alemana, «en defensa de la constitución», que impide a los partidos democráticos aliarse con los radicales, resulta justificado e indispensable. Como los suecos acaban de reconocer predicando con el ejemplo.

Temas

Comentarios

Lea También