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En defensa del Ebre y del Delta

Las políticas hídricas que afectan al Ebre y, en consecuencia, al futuro del Delta, deben abordarse teniendo en cuenta al territorio

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Miles de personas (50.000 según los organizadores) salieron ayer a la calle para plantar cara al plan de la cuenca del Ebro que aprobó por decreto el mes pasado el Consejo de Ministros. La principal discrepancia se centra en los mínimos del caudal ecológico que prevé el plan del Gobierno y que fija la cifra que debe bajar por el río en poco más de 3.000 hectómetros cúbicos al año. Por contra, la Comissió per a la Sostebilitat de les Terres de l’Ebre ha establecido que el caudal mínimo ecológico debe moverse en una horquilla que va los 5.871 a los 9.907 hectómetros cúbicos en función de la pluviometría de cada año. Desde la Plataforma en Defensa de l’Ebre también denuncian que el decreto del Gobierno incumple una cuarentena de directivas europeas como los programas de nuevos regadíos, las políticas de embalses y las normativas de protección de aves. No hay que recordar que todos los temes referidos al aprovechamiento del agua son de alta sensibilidad. En el caso de las Terres de l’Ebre la defensa del Delta añade complejidad a las políticas del agua porque es evidente que un espacio declarado Reserva de la Biosfera requiere de una especial protección. No es de recibo que un plan de cuenca que incide de manera tan importante en un espacio natural como el Delta no debería despacharse por decreto fuera de legislatura e ignorando de manera incomprensible la opinión del territorio más afectado.

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