En guerra contra sus vecinos. Cuando la violencia la practica el que protege

Demasiado habitual. La represión policial en protestas multitudinarias parece cobrarse cada vez más muertes. El lunes la policía abrió fuego real en una marcha contra el feminicidio en Cancún, México

Lali Cambra

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En guerra contra sus vecinos. Cuando la violencia la practica el que protege

En guerra contra sus vecinos. Cuando la violencia la practica el que protege

Leo que en Cancún se disparó el lunes fuego real contra manifestantes que protestaban por el asesinato de mujeres, tres en la zona solo durante el fin de semana. Varias periodistas fueron heridas de bala. Las protestas feministas en México no son moco de pavo. Las mexicanas están muy enfadadas, con razón, y lo han evidenciado en sus protestas últimamente, tanto en la capital como en capitales de los diferentes estados, como ahora en Cancún. El 8 de marzo reúne las manifestaciones más multitudinarias, por supuesto y año tras año van creciendo. En Ciudad de México, en agosto, miles de mujeres se lanzaron a la calle después de que una joven denunciara que cuatro policías la habían violado. Las protestas se extendieron en septiembre con la toma de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, en la que las manifestantes vandalizaron algunos cuadros, lo que les valió la crítica del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), en el que tantos elementos progresistas habían puesto sus esperanzas de que se atajara la violencia en el país en general y contra las mujeres en particular. AMLO sumaba con sus críticas una decepción más y la confirmación de su incapacidad para abrazar causas feministas en un país en el que diez mujeres mueren de forma violenta cada día.

AMLO añade ahora una nueva decepción al retrasar su felicitación al nuevo presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, dice que por prudencia. Se acompaña en esa prudencia de Putin, Bolsonaro y del presidente chino Xi Jinping.

En Colombia, las últimas -y también reprimidas violentamente- protestas se sucedieron en septiembre, tras la muerte a manos de la policía de un ciudadano en Bogotá, al parecer tras ser interpelado por estar en la calle y ser sometido en el suelo a repetidas descargas con un arma eléctrica y a golpes que le ocasionaron la muerte, de acuerdo con la fiscalía.

En las protestas que se sucedieron, fallecieron otras diez personas, también por armas de fuego detonadas por la policía. Las protestas recordaban las organizadas en noviembre, asimismo, por la muerte del estudiante Dilan Cruz a causa de un disparo en la cabeza por parte de los ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios), con una munición tipo «bean bag», una bolsa de tela que contiene múltiples perdigones de plomo.

En Chile, las protestas del pasado año se saldaron con alrededor de 30 muertos en los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, en la explosión de violencia y protestas más multitudinarias que viera el país desde el fin de la dictadura de Pinochet. Las cámaras de televisión llegaron a grabar cómo un policía arrojaba a un joven de 16 años por un puente (posteriormente se recuperó de las heridas graves que sostuvo). 460 personas han perdido su visión por perdigones o el impacto de bombas lacrimógenas lanzadas por los agentes antidisturbios en las manifestaciones, según el Instituto Nacional de Derechos Humanos.

Las pérdidas de globos oculares aquí también han sido objeto de debate y de revisión del tipo de armamento del que se dota a las fuerzas de seguridad, aunque como hemos visto, difiere entre los distintos cuerpos y de las autoridades a las que sirven.

El papel de la policía y el tipo de armas o métodos que utilizan para proceder a detenciones, controles de manifestaciones o represión de protestas violentas regresa con fuerza en Estados Unidos (EEUU), después de incidentes de gravedad en los que por lo general las víctimas acaban muertas de forma violenta y en los que por lo general la víctima es una persona negra.

Excedentes militares

En Estados Unidos no son pocos los estados que utilizan excedentes militares del Pentágono para armar a sus policías, dotándolos de mayor fuerza letal, con vehículos más ofensivos y blindados y con métodos más propios de invadir un país (nos tienen acostumbrados), que de ayudar a sus vecinos o pacificar vecindarios o proteger a sus conciudadanos.

En la década de los noventa, en plena «guerra contra las drogas», se aprobó que las fuerzas policiales pudieran ser armadas cual soldados de fuerzas especiales, siempre que el armamento fuera idóneo para la lucha contra el narcotráfico. Esta opción fue luego extendida a la lucha contra el terrorismo, ese manto bajo el que parece caber todo. La gran mayoría de las ciudades estadounidenses de más de 50.000 personas disponen de equipos SWAT (Equipos de Armamentos y Tácticas Especiales).

Se calcula que tras las protestas, represión policial de las mismas y de los actos vandálicos ocasionados por la muerte a manos de las fuerzas de seguridad de George Floyd en Minneapolis, en mayo, alrededor de 30 personas han muerto de forma violenta. La mayoría de ellas, a manos de la policía. En este caso, la literalidad de si vis pacem, para bellum, (si quieres la paz, prepárate para la guerra), es al pie de la letra. En pie de guerra. Contra sus vecinos.


Periodista. Trabaja en Médicos Sin Fronteras, donde cubre varios países de África y Sudamérica. Antes hizo de corresponsal para medios estatales en Sudáfrica. Comenzó de periodista en Tarragona. 

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