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En nombre de Dios

El problema es creer que uno mismo es Dios
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Una de las viñetas sobre el atentado contra Charlie Hebdo, representaba a dos largos lápices con la punta mirando arriba y un pequeño avión que se estrellaba contra ellas. Era el paralelismo con las Torres Gemelas.

En ambos casos los criminales fueron radicales islámicos que invocaron el nombre de Dios. Saramago escribió entonces en un artículo en El País: «No culpo a Dios, pues creo que no existe, pero sí a quienes invocan su nombre». Y Gregorio Morán, en La Vanguardia, tituló un artículo: «¿Y si el problema es Dios?», argumentando que creer en él hace a algunos peligrosos.

¿Y en quién creían Hitler, Stalin, Mao, Pol Pot y otros máximos matarifes del siglo XX? El problema es creer que uno mismo es Dios, o que es el único capaz de interpretarle. Si atendieran a su voz, oirían: Por favor, no salgáis en mi defensa, que puedo defenderme solo. Defended en cambio mi precepto del amor.

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