En tierra de nadie

ÁLEX SALDAÑA

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ÁLEX SALDAÑA

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No sé quiénes se creen que son algunos mandatarios para jugar con la vida de cientos de personas simplemente para presionar a otros estados u obtener réditos políticos. Y claro, siempre sufren estas injusticias los más débiles, los más vulnerables, los migrantes, como si su vida valiera menos. Es nauseabundo. Y, sin embargo, sobran los ejemplos. El último lo protagoniza el régimen bielorruso de Aleksándr Lukashenko, un hombre sin escrúpulos ni moral que inició en verano su acoso a las fronteras de la UE con el traslado de migrantes de Oriente Medio y Asia, convenciéndoles de que les sería fácil entrar en la UE. Era su respuesta a las sanciones de Bruselas por la conculcación de los derechos humanos, una reacción que evidencia que, efectivamente, a Lukashenko los derechos humanos le importan más bien poco. Pero la operación de los últimos días, con el transporte de miles de personas hasta el límite con Polonia, supone un salto cualitativo que no puede quedar impune. La imagen de familias enteras con niños pequeños pernoctando en la calle con temperaturas bajo cero es de una inhumanidad inaceptable, por lo que urge actuar contra quienes utilizan a las personas como mera munición. No es de recibo que a estas alturas permitamos semejante trato a nadie. Uno pensaba que algo habíamos aprendido de la historia, pero ya se ve que no. Espero que la comunidad internacional reaccione con la contundencia que una situación como esta requiere. No se puede abandonar a su mala suerte a todas estas personas atrapadas en tierra de nadie. No es solo cuestión de política; es ante todo cuestión de dignidad y humanidad.

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