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Enemigos exteriores

Coincidiendo con la ocurrencia de Tsipras de culpar a España y Portugal, el Gobierno de Rajoy también se busca enemigos externos
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La prórroga del rescate griego en las mismas condiciones que tenía Samaras –algo que Syriza proclamó que nunca iba a aceptar– ha complicado la posición interna del primer ministro Tsipras, que afronta el incumplimiento, perfectamente previsible, de todas sus promesas electorales. En el horizonte se avecina la petición de un nuevo rescate, que ya se negocia de tapadillo en Bruselas mientras Syriza lo niega en su país. Muchos electores y numerosos prohombres de la izquierda griega reprochan a Tsipras la gran discrepancia entre lo prometido y lo cumplido. Todo el mundo sabía que el dilema griego consistía en efectuar el gran ajuste o salir del euro, pero el populismo pretendió que había una tercera vía inexistente. Es decir, como si el Estado griego, sobredimensionado e ineficaz, no hubiera mantenido durante muchos años una deriva insostenible hacia el déficit, que fue maquillado falazmente para engañar a las autoridades comunitarias. Puesto en esta tesitura, Tsipras no ha tenido otra ocurrencia que culpar a España y a Portugal de sus males. Ciertamente, los países que con más dureza han afrontado la crisis y con más esfuerzos van saliendo de ella no se han mostrado complacientes con la frívola pretensión griega de cambiar las reglas de su endeudamiento. Sorprende que, a su vez, el Gobierno español también se embarque en la búsqueda de enemigos externos, tipo Venezuela, para combatir a sus fantasmas internos.

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