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Enigma

A mayor actividad sináptica obtenemos un mayor mecanismo de acción de las neuronas y con ello prevenir las malditas enfermedades degenerativas cerebrales

EMILIO MAYAYO

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A estas alturas del año estamos más que inmersos en lo más caluroso del periodo estival, es cuando la gran mayoría de la ciudadanía disfruta de sus anheladas vacaciones y esto se hará más patente cuando empiece el mes de agosto. Parece que el país se paraliza para dar paso a la desaparición de las personas de sus lugares de residencia habituales (salvo que lo impida nuevamente la Covid-19), además son notorios los cierres de muchos comercios y de las oficinas oficiales. Es cuando comienza el holgazaneo, respetando cariñosamente a los disfrutadores, que bien se han ganado sus vacaciones estivales. Durante este periodo, muchos de los relajados ciudadanos aprovechan para hacer multitud de cosas que hemos ido dejando para este tiempo y entre otras, leen más o se recurre en el tiempo de ocio a hacer crucigramas, sudokus y otras de las variaciones cuya finalidad son resolver problemas y mensajes ocultos.

Por el trabajo realizado a lo largo de muchos años, el de médico patólogo y el uso del microscopio, he tenido que descubrir las diferentes patologías que asientan en los pacientes en base a los cambios morfológicos de las células y de los tejidos humanos y en muchos casos ha sido como resolver un dilema. He de reconocer que he disfrutado de lo lindo y también me ha estructurado la manera de ver las cosas de una forma un tanto peculiar. Por ello, me gustan los acertijos, los enigmas, los libros de intriga, las novelas negras y las series de buscarle los tres pies al gato.

No es de extrañar que me hayan inquietado muchos hechos enigmáticos y de ellos quiero destacar un hecho histórico que tuvo mucha importancia y es poco conocido. Es el ocurrido durante la segunda guerra mundial y de cómo Alan Turing y su equipo se enfrentó a la máquina de codificar mensajes que poseían las tropas alemanas, la famosa Enigma. Se trataba de un dispositivo electromecánico de cifrado de mensajes que se patentó en 1918 en Alemania, aunque el inventor fue un neerlandés. De forma fácil, por medio de un teclado y unos rotores se podía enviar un mensaje cifrado a quién conociera su uso y su descifrado. La aparición de estos mensajes codificados generó una réplica por parte de los departamentos de contraespionaje de varios países, tiempo antes de la mencionada contienda. A colación, no quiero pasar por alto, y no se conoce tanto como la gesta de Turing, es que en la contienda española ya se trabajó con esta máquina.

Según la historia, los alemanes enviaron con la legión Condor unas diez unidades de estas herramientas para mandar mensajes encriptados entre las filas del ejército sublevado. Podríamos decir que se probaron, además de máquinas de destrucción, máquinas de espionaje. Aquí nuestro Turing, que luego llegó a trabajar con él, fue un hombre poco conocido, aunque un genio, Faustino Antonio Camazón (Valladolid 1901- Jaca 1982) comisario republicano, matemático, criptógrafo, espía, conocedor de diez idiomas y jefe del «Equipo D». Además colaboró con el contraespionaje polaco, francés, americano e inglés para descifrar los mensajes que los nazis realizaban. Aunque, es bien conocido que la resolución final al dilema la obtuvo Alan Turing y su máquina “Bombe”, Camazón y sus seis colaboradores tuvieron mucho que ver en que se acortara más de dos años la segunda guerra mundial y en consecuencia salvar millones de vidas.

Esta historia me parece que es muy interesante y peculiar. La pongo a disposición de los lectores para que durante estos días de asueto sirva para poder indagar y a profundizar en los intríngulis del espionaje, el contraespionaje, los enigmas encriptados y todo ese mundo que se mueve en el entorno a los enigmas. Quiero recalcar que este no es un tema de tiempos recientes, ya llevamos con estas historias y estas maneras de actuar desde los tiempos de los sumerios, los egipcios y puede que desde mucho antes. En cuestión de hacer que la gente no se entere de lo que uno quiere trasmitir, hay mucho escrito y mucho por decir. Sin olvidar que los mensajes cifrados se han utilizado tanto en tiempos de guerras, como en periodos de paz.

También pretendo con el relato de esta interesante historia dar pie a que, dada mi simpatía por todo lo enigmático, lo encriptado y el doble juego de las palabras, los lectores busquen en los escritos que he realizado en este mismo medio de comunicación, enigmas y dobles sentidos. Con ello pretendo que se desarrolle un ejercicio de interpretar de otra manera lo narrado. La finalidad es accionar la imaginación y desarrollar una actividad neuronal más intensa para crear más y mejores redes neuronales. Es bien conocido que a mayor actividad sináptica obtenemos un mayor mecanismo de acción de las neuronas y con ello prevenir las malditas enfermedades degenerativas cerebrales. Para iniciar esta propuesta adelanto y revelo un ejemplo fácil y reciente. Si se busca mi anterior escrito y se sustituye la palabra «Rafaela» por Medicina, o «Progeria» por Sanidad, algo se pone en evidencia. Es una doble manera de interpretar el texto, texto que puede plasmar una visión diferente con la que se ha disfrazado la realidad.

Esta propuesta es aprovechando que estamos en verano y el relax en el que nos hallamos inmersos, así como disponer de tiempo. Se trataría de realizar un ejercicio mental para ocupar los muchos momentos de ocio de los que disponemos e intentar emular a Turing y Camazón. De esta forma podemos indagar las varias posibilidades de los escritos y resolver enigmas ocultos y puede que con ello disfrutemos más de la emigmática vida en la que nos hallamos inmersos.

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