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Opinion El Mirador

Enseñar a odiar

Si a odiar se aprende, ¿quién tiene tanto interés en enseñarlo?  

Álex Saldaña

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La policía escolta a Jason Kessler, organizador de la manifestación

La policía escolta a Jason Kessler, organizador de la manifestación "Unite the Right", mientras se apresura tras una conferencia de prensa en el Ayuntamiento de Charlottesville, Virginia, EE.UU.

¿Qué diferencia hay entre un terrorista islámico que conduce un vehículo contra una multitud y un racista que arremete con su coche contra un grupo de personas? Ninguna, aunque el presidente de Estados Unidos, en una actitud que denota cierta complicidad –minimizar una acción así es convertirse en cómplice– las trate de forma muy diferente. ¿De dónde sale tanto odio? ¿Por qué el odio se expande mucho más rápido que cualquier otro sentimiento? ¿Qué clase de mundo estamos dejando para nuestros hijos? Pensaba en todo esto cuando me he topado con un tuit de Obama que cita una reflexión que escribió Nelson Mandela cuando estaba en la cárcel de Robben Island: «Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión. La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar. El amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario». Sí, a odiar se enseña. Y me pregunto, entonces, ¿por qué hay tantas personas interesadas en enseñar a odiar? ¿Qué beneficios obtienen? Y, lo más grave, ¿por qué hay tanta gente que las sigue?

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