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Entre las ganas de viajar y la prudencia

La mayor permisividad en la movilidad no debería conducir a un relajamiento de las medidas anticovid

Diari de Tarragona

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A las puertas del primer fin de semana de apertura del confinamiento comarcal y en el que, por tanto, los catalanes nos podemos mover por toda la comunidad siempre que lo hagamos en el grupo burbuja de convivencia, todo apunta a un considerable incremento de la movilidad. De hecho, las nuevas medidas han devuelto parte de la esperanza perdida a parte del sector turístico después de unos meses con un nivel de actividad prácticamente nulo. En este sentido, las «ganas de viajar» se han traducido ya en un buen número de reservas, especialmente en campings, casas rurales y alojamientos de zonas del interior que podría verse aumentado con las llegadas de última hora.

Este pequeño respiro que supone una apertura de la movilidad que va un paso más allá de lo permitido hasta hace unos días se basa en una mejoría de los datos epidemiológicos tras una tercera oleada muy dura, junto al hecho de que el Govern optara por liberar los movimientos interiores todo lo posible a modo de preparación del terreno ante una Semana Santa que, blindada sin viajes entre comunidades, sí pueda rescatarse al menos lo mínimo para el turismo de puertas hacia dentro; a lo que se une que la llamada fatiga pandémica que aqueja a la ciudadanía tras un año de severas restricciones se verá atenuada si cabe moverse dentro de Catalunya.

Pero que se haya decidido abrir el perímetro a la comunidad no debiera conducir, en ningún caso, a un relajamiento de las medidas a que todavía nos obliga la presencia del coronavirus, toda vez que en los últimos días aquella mejoría observada en los índices pandémicos se ha frenado e incluso amenaza con un empeoramiento que se aprecia en unos hospitales y unas unidades de críticos que no acaban de despoblarse. Así las cosas, si bien parece oportuno permitirse un respiro para aliviar en parte la angustia que nos ha generado tantos meses de encierro, hemos de hacerlo con la máxima responsabilidad y prudencia. Cometeríamos un gravísimo error si por querer correr y disfrutar de la semana Santa echáramos a perder la temporada de verano.

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