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Erdogan en estado puro

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El manejo oficial de la doble crisis (Califato y resistencia kurda) a que se enfrenta el gobierno turco está creando rápidamente un nuevo escenario político interno de relevantes consecuencias y podría alterar a fondo los equilibrios político-partidarios vigentes. Lo sucedido es consecuencia directa de la reacción, propia de la mentalidad del presidente de la República y hombre fuerte, Recep T. Erdogan y tiene su sello: fuerza, fuerza y... fuerza.

En efecto, aún debe explicar por qué ordenó bombardear a fondo objetivos kurdos, singularmente en las montañas Kandil, al noroeste de Irak (en el autónomo y semiindependiente de hecho Kurdistán iraquí) después de que los islamo-terroristas (ISI) mataran con una bomba en la ciudad turco-kurda de Suruç a 31 personas el 19 de julio. El absurdo hecho tuvo como consecuencia el clásico diagnóstico de «todos perdedores», es decir, fue percibido como una torpeza solo hija de la cólera. Lo cierto es que la crisis –empeorada con los ataques incesantes de la fuerza aérea que, según testimonios diversos y creíbles, han causado muchas bajas civiles– está evolucionando a toda velocidad. Sus datos centrales son éstos:

a) Ankara ha recibido con disgusto lo que, por lo demás, es obvio: sus socios, Washington y la UE en cabeza, han expresado muy claramente su «profunda preocupación» por el eventual fin del proceso pacificador en marcha con los kurdos tras dos años largos de discretos y eficaces esfuerzos por las dos partes. El alto el fuego vigente ha saltado por los aires. Los milicianos kurdos (Unidades de Protección Popular) son, y de lejos, la fuerza más aguerrida y exitosa de cuantas se oponen hoy al ISI.

b) El gobierno, interino desde que perdió la mayoría en la elección legislativa de junio, busca un socio para un ejecutivo de coalición (o, según versiones menos amables, para alargar la crisis, pudrir la situación y reconvocar unos comicios superadelantados con la esperanza de volver a la mayoría absoluta). Ha hablado ya con la fuerza central de la oposición, Partido Republicano del Pueblo, 132 escaños, formalmente socialdemócrata, laico y depositario oficial de la herencia de Kemal Ataurk, el ‘padre de la patria’ y está ahora en conversaciones con el Partido del Movimiento Nacionalista, 80 escaños, su mejor resultado, de ultraderecha ultrapatriótica y musculosas resonancias militares.

c) Erdogan, contra las cuerdas y visto como poco fiable en el combate conjunto contra el ISI, que está reforzando políticamente a los kurdos, ha optado por privilegiar su propia posición interna e instrumentalizar la crítica situación regional en su favor en términos electorales, sin excluir siquiera elecciones anticipadas del todo prescindibles. Una opción arriesgada que traduce el gusto de su protagonista por los desafíos y su conocido temperamento.

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