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Es la hora de la regeneración democrática

Regenerar la vida democrática es regenerar los partidos políticos
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La última Nochebuena el Rey se estreno en el mensaje a la nación, mensaje de alto contenido político, dejando a un lado sus referencias a la corrupción y el proceso soberanista de Catalunya, otra de sus referencias fue a la regeneración democrática. Esta última expresión también es utilizada profusamente por nuestros políticos, pero pocos hacen un análisis serio de lo que es necesario para regenerar nuestra vida política, no obstante creo que puede ser incluso sencillo, simplemente aplicar a la política las medidas que la legislación vigente, aprobada precisamente por los políticos, exigen a los ciudadanos pero que no se exigen a ellos mismos. Me explicaré:

Tomemos la comparativa entre la Ley Orgánica 1/2002 de 22 de marzo, reguladora del derecho de asociación, la Ley 50/2002 de 26 de diciembre, reguladora de las fundaciones, y la Ley Orgánica 6/2002 de 27 de junio, reguladora de los partidos políticos. La primera contiene 42 artículos, 4 disposiciones adicionales, 2 transitorias y 4 finales, y una minuciosa regulación de la forma como los ciudadanos debemos ejercer nuestro derecho de asociación estableciendo los requisitos de los órganos de gobierno, los derechos y obligaciones de los asociados, etc. La segunda contiene 46 artículos, 8 disposiciones adicionales, 4 transitorias y 5 finales, regulando detalladamente el régimen jurídico de las fundaciones. Tomemos ahora la última de ellas, que siendo una ley que regula una pieza clave de nuestro sistema democrático como son los partidos políticos y aun siendo todas ellas del mismo año y legislatura, tan solo contiene 13 artículos, 3 disposiciones adicionales, una transitoria y 2 finales y una regulación simplista y genérica de los órganos de gobierno, los derechos y obligaciones de los militantes etc..

No es que valoremos o debamos valorar una Ley según el número de artículos que contiene, pero resulta sorprendente, y quizás sea una de las explicaciones del creciente desapego de los ciudadanos a los partidos tradicionales, que el legislador haya dedicado mayor esfuerzo en regular la organización de las asociaciones de ciudadanos y fundaciones, que a los partidos políticos, cuando estos últimos, además de ser una pieza clave en el sistema, tienen en sus manos el poder ejecutivo y el legislativo.

Por lo tanto regenerar la vida democrática es regenerar los partidos políticos, y ello requiere una nueva regulación. Una regulación que establezca con claridad los derechos y deberes de los afiliados, la estructura organizativa democrática y la elección por parte de los afiliados no solo de los cargos, sino también de los candidatos mediante las correspondientes primarias por sufragio directo, estableciendo por ley las garantías mínimas en todos estos procesos internos. Todo ello para dar voz a los ciudadanos que quieran participar en la política a través de los partidos, y con ello dar cumplimiento al mandato del Artículo 6 de la Constitución que establece que los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política.

Pero las medidas antes señaladas no son suficientes, más aun en la creciente crisis del sistema, éstas deben venir acompañadas de la aproximación de los cargos electos a los ciudadanos, y ello solo puede conseguirse mediante una profunda reforma de la ley electoral. Quizás ahora, que se habla de la reforma de la Constitución, sea el momento de modificar el articulo 68. 2 que establece la provincia como circunscripción, más Ceuta y Melilla lo que hacen un total de 52 circunscripciones. Si queremos revitalizar la vida política es fundamental acercar los representantes de los ciudadanos a éstos y ello solo es posible si reducimos el ámbito territorial de la circunscripción electoral, países de mayor tradición democrática tienen circunscripciones más pequeñas, desde las 577 circunscripciones uninominales de Francia a las 650 circunscripciones también uninominales del Reino Unido. Si en Tarragona se eligen 6 diputados, porqué no podemos distribuirlos proporcionalmente entre varias circunscripciones uninominales más pequeñas, y así, cada ciudadano tendría su diputado próximo al territorio y a sus problemas, tendríamos alguien a quien acudir. El diputado dejaría de ser un desconocido de una lista cerrada, y pasaría a ser nuestro diputado.

Efectivamente todo ello debería ir acompañado de formulas que recojan los “restos” para que las minorías también tenga representación, los sistemas mayoritarios puros tampoco son una solución, revitalizar es también dar voz en su justa proporción a las minorías.

Los ciudadanos creemos que ahora nuestro sistema electoral ha llegado a su fin, y que ya no es el momento de seguir haciendo política partidista pensando solo en los interesas de cada bancada, hay que mirar al futuro, hay que sentarse y hablar, con mentalidad de estadistas para construir sobre los sólidos cimientos de la Constitución del 78, un nuevo sistema electoral, más próximo, más representativo; nos ha servido durante los años del inicio de nuestra democracia pero ahora en la madurez necesitamos un nuevo sistema electoral que realmente regenere la vida política del país.

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