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Es más importante «hacer» que «saber»

Todos escuchamos a los sabios, pero después, a veces nos alejamos, y no nos ponemos a trabajar y todo continúa como antes

Josep Muñoz i Gràcia

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Josep Muñoz i Gràcia

Josep Muñoz i Gràcia

Lo más importante en esta vida es lo que se hace, no lo que se sabe. Desde hace más de dos milenios, tanto en Oriente como en Occidente, los sabios comunicaban a los humanos los mismos mensajes: «para vivir feliz basta con apreciar el instante presente, manteniendo la cercanía con la naturaleza, respetar a los demás seres humanos, llevar una vida simple y sobria, reaccionar con lentitud en la ira etc». Son tan evidentes, que a veces esos consejos los calificamos de «perogrulladas».

No obstante, por muy perogrulladas que sean, esas recomendaciones nos dicen algo: «sabemos y sentimos muy bien que son acertadas. Todos escuchamos a los sabios, todo el mundo los admira, todo el mundo los aprueba». Pero después, a veces nos alejamos, y no nos ponemos a trabajar y todo continúa como antes. Como mucho hacemos la prueba a medias, para luego dejar de insistir, porque resulta que es más difícil de lo previsto, porque no obtenemos resultados instantáneos o porque es un fastidio, y acabamos dejándolo correr.

Y el sabio, un poco irritado, nos persigue y nos agarra por la manga, y nosotros le decimos: Si, sí, sí lo sé, lo sé… ¡Claro que lo sabemos ¡Incluso un niño, sabe que lo que le hace feliz y lo que le hace que la vida sea más bella, como también, el esfuerzo que debe de hacer para conseguirlo!

Pero, no acabamos de darnos cuenta, que la dificultad no radica en el «saber», sino en su aplicación, sobre todo si debe de ser regular y prolongada. No percibimos que lo importante, repito, no radica, en lo que «sabemos», sino en lo que «hacemos». Preferimos ser los pensadores y los comentaristas, de la vida, de la política, de la prensa, de la TV. etc. En lugar de ser artesanos y practicantes de la verdad, sin juzgar anticipadamente a los demás. Comprendemos, perfectamente, que, para tener más aguante, más fuerza, más flexibilidad, hemos de hacer esfuerzos regulares. Sabemos muy bien que no basta con decir: «Vaya a partir de ahora, intentaré tener más aguante, fuerza y flexibilidad» y quererlo, sino que debemos esforzarnos: corriendo y haciendo musculación, yoga o gimnasia, votando con sentido (a los partidos políticos) «regularmente», etc.

Eso, parece que lo tenemos claro, y no obstante continuamos diciendo: «Esta vez va en serio, estoy motivada/a y procuraré estresarme menos, aprovecha más la vida, a refunfuñar menos, a saborear mejor los buenos momentos en lugar de los contratiempos, con mis preocupaciones fuera de lugar, etc».

¡Pues no!: El tema no funciona así. En este caso, igual que con tener más aguante, o musculación, no basta con quererlo, hay que entrenarse y entrenar es: prepararse, indicar, buscar, encontrar, proponer, desarrollar, practicar, consultar etc., Esto es muy recomendable a la clase política, actual, para que sepan «gobernar».

Los ciudadanos necesitamos con urgencia que en España y en Catalunya (con el nuevo ejecutivo) todo empiece a funcionar de inmediato

El entramiento, sirve para muchas más cosas que el deporte, como comento anteriormente. Pero no hay que pensar en el entrenamiento como un artilugio, sino como una creación y una activación de nuestro cerebro para conseguir emociones positivas. Reconozco, de buen grado que el título de este escrito: Es más importante «hacer», que «saber», es muy amplio, y a la vez es un poco radical. La vida nos ofrece algunas alegrías, como oportunidades inesperadas e inmerecidas; en todo caso sin esfuerzo. Pero confiar en esas gracias caídas del cielo, tiene dos inconvenientes: 1) que no son tan frecuentes y 2) que podemos desaprovecharlas, sin siquiera llegar a percibirlas, si nuestra mente se retrae ante las preocupaciones. Por eso un poco de «hiel» nos reportará indirectamente un poco más de felicidad.

Recuerdo de mi profesor (MP) que comentó una vez que «sin sudor no hay felicidad» y lo comparaba, o se parecía un poco a: «una pareja que se esfuerza en amarse» ya que el verdadero amor necesita del esfuerzo mutuo. Si amigas/os, míos, el amor requiere esfuerzo. No tanto para suscitar el amor, sino para permitir su duración, profundidad, evolución, seguir vivo y seguir siendo interesante a lo largo de la vida (lo mismo sucede en la política, ya que debe de ser: dar amor y hacer justicia, para todos los ciudadanos) Incluso, a veces, debemos de ser pacientes con los estúpidos, pero nunca con los que están orgullosos de serlo.

Además, sin embargo, a pesar de que la intención de amor y de la justicia estén presentes al principio, necesitarán de «más carburante a lo largo del recorrido, de la vida o del mandato, mezclado con inteligencia y honradez».

En consecuencia, «la buena felicidad y la buena política», dependerá del esfuerzo que empleemos para lograrlo. Hay estudios que han demostrado que esos esfuerzos sirven para acrecentar la felicidad y la política, cuando se aplican con estrategias eficaces: cuantos más esfuerzos se hacen, más resultados se obtienen. Con una condición: que los esfuerzos sean bien empleados, pensados y realizados con honradez. Los cambios, pues, pueden ser progresivos, como ocurre en cualquier aprendizaje. Eso también lo sabemos todos, cuando se aprende algo por primera vez. Sabemos que nos hará falta un tiempo para obtener resultados tangibles. Lo sabemos y lo aceptamos en todos los aprendizajes: medicina, inglés, piano, pintura, dibujo etc. Para todos, con algo de excepción para los elegidos a dirigir a los otros, que además del aprendizaje, deben de aplicar su «programa electoral» por el cual, fueron elegidos y que deben de tener ya perfeccionado y estudiado a conciencia y que únicamente necesitan «honradez» para «hacer lo que ya deben de saber».

Hoy, en la situación, tan delicada, en que nos encontramos, los ciudadanos necesitamos con urgencia que en España y en Catalunya (con el nuevo ejecutivo) todo empiece a funcionar de inmediato. Ya que, al contrario, pensaremos que el método y el esfuerzo es ineficaz y que nos hemos equivocado con la pareja y los políticos que hemos elegido.

A menudo, aparecen artículos satíricos sobre estos temas en prensa, burlas y enfrentamientos en los platos de la televisión y malos comentarios en emisoras de radio, etc. Pero eso no soluciona nada.

¿Qué diríamos de alguien que nos contase: ¿He cogido un violín, por primera vez y al frotar las cuerdas con el arco, no ha salido nada hermoso, sino que hacia un ruido horrible? ¡El violín es una tontería! El problema no es del violín, sino del que lo toca, como en todo, «ya que además de ‘saber’ (que es importante) lo que es un violín, lo que se debe de entender, antes, es ‘hacerlo tocar y sonar’». (que es lo necesario y útil) Se comprende ¿no?... es así…no me equivoco…gracias.

En definitiva, el «saber» es un mueble magnífico para el segundo piso, si se actúa y se «hace» con sentido común en la planta baja.

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