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Esclavos del

Joan Morales

Whatsapp

Ver a personas caminando por nuestras calles con la mirada clavada en su teléfono móvil se ha convertido en una estampa cotidiana de nuestro paisaje urbano. Después de que la peligrosidad de combinar el uso del móvil con la conducción haya quedado sobradamente demostrada (responder una llamada es equivalente a conducir tras consumir el doble de alcohol de lo permitido), ahora parece ser que el siguiente paso será el de demostrar que los peatones también tienen su parte de responsabilidad en muchos de los accidentes -especialmente atropellos- que se producen en nuestras ciudades. Por ejemplo, en algunos países como Suecia el código de circulación ha incorporado señales de peligro donde se advierte de la presencia de peatones despistados mirando su smartphone. El uso del teléfono móvil se ha apoderado hasta tal manera de nuestras vidas que nos hemos convertido en sus esclavos, sin ser capaces de darnos un respiro y abstraernos de este aparato ni cuando vamos andando. Estar permanentemente conectados con el mundo a través de nuestro teléfono es una ventaja que nos está superando. Los estudios revelan que los españoles miramos el móvil al día una media de ¡150 veces! ¿Cuántas de éstas son estrictamente necesarias? ¿En cuántas ocasiones podríamos esperarnos unos minutos para mirar un mensaje de WhatsApp o nuestro correo electrónico, sin tenerlo que hacer mientras caminamos? En nuestras manos está que una herramienta tan necesaria para nuestras vidas como es el teléfono móvil no acabe por convertirnos en sus esclavos. Si es que ya no lo ha hecho.

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