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Estar lejos tiene grandes ventajas para el observador la distancia es cómoda

La distancia te aleja de la vida de los tuyos. Desde esta ventana no me quedará otra que escuchar lo que pasa en el mundo con otro oído para poder escribir lo que pasa aquí con otro corazón
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Foto: ACN

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En eso estamos todos los que escribiremos en este trozo de papel que les llega a las manos. Los que estamos fuera. Algunos fuera de Tarragona, otros, como la que esto subscribe, fuera del país. De Catalunya, de España, de la dificultad de nombrar de una vez por todas un trozo de geografía que se ha quedado sin nombre. 

Estar lejos tiene grandes ventajas para el observador. Permite contemplar el cuadro globalmente, observar las esquinas, por ahí por donde la historia suele difuminarse, los claroscuros, los matices, lo ambiguo, la frontera. Y si algo hace falta estos días de furia es matizar, difuminar, reflexionar en silencio, un silencio que se ha quedado sin espacio en una tierra que le da al eslogan facilón con demasiada alegría. 

Són moments emocionants per a molts, i les emocions són la vida. I volem viure. Volem estar vius. Volem cridar i cantar i sentir i plorar. Perquè aquest és el món en el que amb 140 caracters es descriu un relat únic. I si no t’agrada és el teu problema. O blanc o negre. O dins o fora. 
Cadascú té part de raó i part de bogeria. Tots som complíces de la distracció fenomenal que fa que els problemes de l’atur, la sanitat o l’educació hagin estat silenciats per un debat identitari. Què llestos que som….tots banderes amunt i banderes avall com portats per un guinyol maquiavèlic. 

Si algo hace falta estos días de furia es matizar, reflexionar en silencio

España se ha quedado sin relato desde hace tiempo y ese vacío ha sido devorado por sus hijos. El estado de las autonomías que nació como respuesta al miedo de llamar a las cosas por su nombre, es hoy una narración absurda. No responde a los anhelos justificados de los unos ni a los recelos contrastados de los otros. Nos quedamos sin nada que decirnos, nosotros que nos hablábamos tanto…

Catalunya, por su parte, ha construido un relato freudiano, muy de matar al padre, que da respuestas simples a problemas complejos. Los eslóganes paridos en reuniones en las que los jóvenes cachorros del nacionalismo se emocionaban pensando en la campaña Obama. Yes we can. Y pudieron. Porque hoy nadie puede negar que la comunicación ha sido rotunda.

Y ¿qué piensan los franceses? Entre el estupor, la indiferencia y el temor andan ellos. No son las imágenes de la violencia policial en Barcelona las que más influyen, sino las editoriales, que son demoledoras con la causa independentista. Hay tres factores a tener en cuenta: Francia inventó el estado jacobino (es decir el centralismo administrativo, con permiso de los chinos); por otro lado, se siente directamente interpelada como vecino supremo: ¿A quién se le ocurre plantear un problema así en Europa sin contar con ellos?; y, por último, teme que el conflicto se propague en sus propias identidades regionales, insulares y postcoloniales. No hace poco la Guayana francesa estaba incendiada en reclamaciones contra la metrópolis. 

Todos somos cómplices de la distracción de problemas como el paro o la sanidad

Què fàcil és escriure des de la distància…. Asseguda en una brasserie al costat de l’esglèsia del Sant Suplici de Paris, mentre les fulles dels arbres es pinten de tardor i les dones de Paris fan allò que millor saben fer: passejar com si la vida depengués de l’equilibri de les seves pases. Què fàcil és pensar que tot plegat, el que succeeix a casa nostra, ja no té res a veure amb nosaltres…Però no és cert. Perquè la distància, que et permet observar amb mirada d’antropòleg, també t’allunya de la vida, de la vida dels teus, de la seva por i de la seva il·lusió. Des d’aquesta finestra que el Diari em deix obrir de tant en tant, no em quedarà altre que escoltar el que passsa al món amb una altre oïde, per, finalment, poder escriure el que passa a casa amb un altre cor. La distància ja no és excusa. 

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