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Estereotipos de ida y vuelta

M.Victòria Bertran

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Si hay algo que dificulte las relaciones entre dos grupos humanos son los prejuicios y estereotipos recíprocos. Quienes trabajan en mediación saben que si no existe la predisposición de ambas partes a dejarlos a un lado, es imposible encarar un diálogo.

El reduccionismo que conlleva toda clasificación se eleva a la máxima potencia cuando se pretende que el mundo se divide entre Oriente y Occidente. Un cliché que, no obstante, conviene a muchos. Incluso en el mundo académico no es extraño topar con estudiosos que no dejan de machacar con que en Occidente somos todos unos ignorantes en lo que respecta al mundo árabe, o al islam. Afirman que ponemos etiquetas y propagamos estereotipos. Los que nos dictan nuestros gobiernos, porque somos perezosos y no pensamos por nosotros mismos. No me digan que tal razonamiento no es otro prejuicio.

Yo creo que no se puede luchar contra los estereotipos propagando otros. Es verdad que desde la época colonial Occidente carga con el sambenito de soberbio y prepotente. Si conviene, podemos remontarnos hasta las Cruzadas. Pero proclamar que en Occidente, hoy, nadie absolutamente entiende nada de diversidad cultural, religiosa y étnica, ni de derechos, ni de valores, es irresponsable. Sostenerlo desde el mismo Occidente, en una autoflagelación retroactiva, es de traca. Decir que “Occidente es ignorante” invisibiliza a quienes, desde aquí, trabajan para que las cosas cambien a mejor. Y refuerza aquello que se pretende criticar: a quienes de verdad no tienen ni idea ni quieren tenerla, y lo llevan a gala. Es pues, primero, no muy inteligente, y, segundo, profundamente injusto.

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