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Estrategia y necesidad

Margarita Sáenz-Díez

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Estaba Jose María Aznar muy acalorado en su sprint final por llegar a la Moncloa, cuando lanzó un dardo mortal a Felipe González. «Váyase señor González», le espetó en el Congreso de los Diputados hace más de veinte años. Claro que la estrella del presidente más carismático de este país había empezado a declinar. A Julio Anguita, al frente de Izquierda Unida, se le ocurrió una idea: sólo si se presionaba al Partido Socialista desde las dos orillas, desde su izquierda y desde su derecha, habría un cambio político en España. El estratega Anguita, que ha resurgido de sus cenizas al colaborar Podemos, consiguió que el líder del PP se prestara al juego. Así fue como se articuló aquella primera pinza, y Aznar alcanzó la Moncloa en 1996. Ahora, Rajoy está jugando sus cartas para evitar el fracaso de que Felipe VI le vuelva a proponer la formación de un Gobierno, y tenga que repetir «Señor, no dispongo de respaldos suficientes para formarlo». Así, que decidido está a arrebatar el máximo de votos a Albert Rivera y, también, a Pedro Sánchez, aunque éstos resulten más duros de pelar. Si entonces Izquierda Unida era un partido bastante previsible, que intentaba mejorar posiciones, pero en ningún caso desmadejar al PP, ahora el sector que lidera Pablo Iglesias podría convertirse en una alternativa de Gobierno a medio plazo, después de practicar con fruición el papel de enfant terrible de la oposición.

Al Partido Socialista le corresponde pues consolidar su electorado, recuperar a los que se fueron y fortalecerse en su interior. Un partido de tan larga trayectoria siempre cuenta con una sólida cantera de talentos. Pero eso no justifica las agotadoras luchas cainitas que se libran dentro del PSOE, a fin de cortar la cabeza a quien ha sido elegido por los militantes. La socialdemocracia europea no atraviesa sus mejores momentos, pero aquí, en junio, se le abre una gran oportunidad. No lo deberían olvidar tampoco los estrategas del PP. Al partido conservador le conviene lidiar con un sólido partido socialista, más que con una formación imprevisible.

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