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Euro y estado de bienestar

El estado del bienestar no depende de Bruselas, sino de la voluntad de los ciudadanos y los gobiernos de cada país
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En el fondo de la crisis griega, late la pregunta que alguna vez nos hemos formulado todos los europeos conscientes de lo que ocurre desde que se desencadenó la gran crisis económica: ¿es compatible el euro con el modelo social europeo, con las aspiraciones de grandes sectores sociales a un estado de bienestar acogedor? Es evidente que quienes actualmente imponen sus criterios en la Eurozona son mayoritariamente conservadores, tras las elecciones al Parlamento Europeo del año pasado. En estas circunstancias, es lógico que las terapias contra la crisis estimuladas por Bruselas hayan sido netamente liberales, pero en realidad el ajuste ha sido administrado por los gobiernos nacionales, por lo que su composición ha sido responsabilidad de los gobiernos respectivos, que han podido elegir las partidas que han recortado y las que han mantenido. En definitiva, no ha sido Bruselas sino Merkel quien ha impuesto el máximo rigor en el ajuste y no han sido las instituciones europeas sino los gobiernos españoles –el de Zapatero, primero, y el de Rajoy, después– quienes han administrado los ajustes. Los Estados de Bienestar europeos, claramente a la baja desde los años ochenta, no dependen en definitiva del proceso integrador sino de la voluntad de los ciudadanos, de su decisión de renunciar a ellos en aras de la competitividad o de su firme voluntad de mantenerlos mientras se busca la productividad por otros caminos (I+D, formación, etc.).

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