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Europa ante el drama de los refugiados

Europa no puede negarse a prestar ayuda a los asilados que huyen de su país porque ello sería abdicar de sus principios
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Algo ha cambiado en el corazón de Europa con respecto a la inmigración. Ya no estamos solo en presencia de una presión migratoria constante de carácter socioeconómico, cuya solución requiere de políticas complejas, sino ante movimientos demográficos suscitados por conflictos de una gran crueldad que tienen lugar a nuestras puertas y ante los que no podemos permanecer impasibles. Afganistán, Irak y sobre todo Siria están expulsando a muchos de sus nacionales, amenazados de muerte por las hordas de la intransigencia, y decenas de miles de infortunados acuden a las puertas de la opulenta Europa a pedir socorro. No podemos negarnos a prestar esa ayuda porque ello supondría abdicar de todos los principios. Es por ello plausible que Alemania, que se ha convertido desde hace mucho tiempo en generosa tierra de asilo, esté incluso mostrando aun más disposición a acoger a esas gentes que tratan de entrar en la UE por Hungría, por Grecia y por Italia. Alemania ya acogió 60.000 asilados en 2014 (España, apenas 2.000), y este año la cifra se multiplicará. También el italiano Renzi, quien ha criticado con dureza el populismo racista de sectores de su país, se dispone a prestar una ayuda sin precedentes. La Comisión Europea, sensible a la situación, está tratando de que prospere su propuesta de que cada país comunitario acepte un cupo de asilados. No sería razonable oponerse a ello, por lo que el Gobierno deberá reconsiderar su posición.

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