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Europa: en que manos estamos?

Carlos Iaquinandi

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Los dirigentes europeos incumplen sistemáticamente sus propias normas, entre ellas el derecho de asilo y sus compromisos de acoger a los refugiados. Varios países imponen sus egoísmos nacionales y cierran sus fronteras. Juncker y sus socios permiten que se dinamite el espacio Schengen, la libertad de tránsito. Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, les advierte: «no vengáis a Europa» y les amenaza con ser devueltos a origen. Olvida que huyen de guerras, conflictos y hambrunas que ellos mismos generaron. Admiten los chantajes del totalitario gobierno turco, que sigue atizando el conflicto sirio con sus bombardeos, y permiten a las mafias lucrarse con el criminal tráfico precario de los que huyen. Por otra parte, castigan doblemente a Grecia: primero con los recortes y privatizaciones impuestos por la troika y ahora con la pretensión de que se convierta en un ‘depósito’ de decenas de miles de refugiados que llegan a sus costas. Toleran que Macedonia cierre unilateralmente sus fronteras y ‘fumigue’ con gases lacrimógenos a los miles que aguardan seguir camino hacia el centro de Europa. Fomentan el racismo y la xenofobia. Mientras tanto, organizaciones como Médicos Sin Fronteras o la catalana Proactiva, con apoyos de la sociedad civil, cubren como pueden –y es mucho– el vacío que dejan los que mandan. Esos sí que ayudan, protegen y salvan. En la frontera de Grecia con Macedonia, miles de refugiados –la mayoría mujeres y niños– aguardan el paso. Pero la frontera está cerrada. El éxodo de los que huyen de sus propios países es el mayor drama humanitario desde la Segunda Guerra Mundial. Esto no es una crisis, es una vergüenza. Se necesitan líderes honestos, con coraje y respeto por la dignidad de los seres humanos. Quienes dirigen Europa exhiben desidia, incapacidad, hipocresía, egoísmo y cobardía. Todo presagia que la nueva cumbre repetirá frases huecas, promesas y amenazas contra los más débiles. En esas manos estamos.

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