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Europa, respiro temporal

Lección antisistema, y de eso estamos sufriendo en España, y precedente de que no se admiten pulsos ni desafíos altisonantes
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La construcción de la Unión Europea ha vivido noches de negociación maratoniana como la registrada ahora en Bruselas. Los europeístas siempre se han jactado de estar más allá del abismo para conseguir, en el último minuto, un acuerdo básico donde «todos ganan», y lo que es más importante, el proceso europeo continúa.

Con Grecia habían sonado todas las alarmas, pero los más veteranos del lugar recordaban que si habían sido capaces de superar los odios y venganzas de las Guerras Mundiales, como no podían solucionar una cuestión de unos cuantos miles de millones de euros.

Fe, mucha fe precisa día a día una Unión Europea que crece a impulsos de los intereses de los más poderosos con la aportación de consumo de los medianos y pequeños que aspiran, además, con las subvenciones europeas a que empresas alemanas y francesas, o británicas o italianas, construyan las infraestructuras que necesitan para lograr un desarrollo adecuado que les permita sostener la clase media que aguanta al sistema. Por eso, la crisis actual es tan maléfica, porque ha atacado al corazón del sistema que es una clase media que se ha visto castigada desde todos los flancos junto con los menos favorecidos que han abandonado su pasotismo antisistema para rebelarse contra el poder establecido.

Sin embargo, a falta del tiempo imprescindible para verificar en qué consiste de verdad el acuerdo de la Eurozona con Grecia, todos dicen que gana Europa. Más allá de que el tiempo de y quite razones, el rebelde Tsipras, con referéndum incluido a su favor, ha tenido que claudicar y aceptar condiciones mucho peores que las planteadas antes de la consulta.

Ha sido una lección antisistema, y de eso estamos sufriendo bastante en España, y precedente de que no se admiten pulsos ni desafíos altisonantes y marrulleros. Francia y Alemania tienen buena parte de responsabilidad en lo que ha pasado con Grecia, pero sobre todo debían actuar, poli bueno, poli malo, para que un mal precedente no se impusiera frente al esfuerzo y sacrificio del resto de los europeos, sobre todo de los españoles.

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