Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Opinion EDITORIAL

Evitar la suspensión de la autonomía

El Consejo de Europa reclama diálogo, respeto a la legalidad y condena la violencia. Solución no aporta ninguna

 

Whatsapp
Rajoy con los Reyes en la celebración del 12 de Octubre. EFE

Rajoy con los Reyes en la celebración del 12 de Octubre. EFE

Definitivamente el problema catalán se ha convertido en un afer europeo como proclamó el propio president Puigdemont el pasado martes en su rebuscada declaración de independencia no nata. El Consejo de Europa dedicó ayer su sesión a debatir sobre Catalunya y hubo consenso general en reclamar diálogo, respeto a la legalidad y también una condena a la violencia por la actuación policial durante el 1-O. Durante la sesión el recientemente nombrado presidente de la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa (ALDE), Hendrik Daems, afirmó «no podemos aceptar la intimidación por ambas partes», al tiempo que criticaba los intentos de «segregación en buenos y malos» a la hora de interpretar el conflicto. Y concluyó que «Madrid y Barcelona han de ofrecer diálogo, dejando de lado su orgullo político y sus cálculos electorales». El consejo es intachable, pero no aporta ninguna propuesta concreta que permita abrir un camino hacia una solución al conflicto. Mientras tanto el tiempo corre y el jueves de la semana que viene se cumple el plazo dado por Rajoy a Puigdemont para que desista de su vía hacia la independencia o procederá a la aplicación del artículo 155 de la Constitución que faculta al Gobierno para tomar las riendas de la Generalitat y suspender la autonomía de Catalunya.
Sería pecar de optimismo confiar en que antes del próximo jueves se haya encontrado una vía de diálogo. La situación ha alcanzado un grado tal de deterioro que hace inviable una solución rápida y mucho menos cuando el Gobierno del PP se ha negado en redondo a admitir la mediación de un tercero en lo que considera un asunto interno de España. Puigdemont no dará ningún paso atrás más allá del que aceptó el pasado martes tras las múltiples presiones. A lo sumo podrá seguir mareando la perdiz con algún subterfugio semántico que complique la existencia a los abogados del Estado. Nada que evite la aplicación del 155 y que abra en Catalunya un período de incerteza y desasosiego con una herida social muy dolorosa y un daño económico que costará reparar. Y no se vislumbra nadie con capacidad para evitarlo.

Temas

Comentarios

Lea También