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Factores de riesgo

La realidad ya no volverá a ser la misma. Es el efecto de no retorno
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En pocas semanas, hemos podido ver y conocer determinadas actitudes, en Europa, España y Catalunya, que van a determinar el próximo futuro, en los diversos ámbitos territoriales; y que podríamos denominar como factores de riesgo, en cuanto a sus consecuencias sociales, políticas y económicas.

En Europa, estamos viendo como las negociaciones entre el gobierno de Grecia, radical de izquierdas y populista, con los diversos países de la Unión Europea y sus otros acreedores, va consiguiendo crear un ambiente de malestar y desconfianza en los diversos niveles europeos, así como en el mismo Fondo Monetario Internacional.

No puede ser aceptada la tesis esencial del gobierno actual de Grecia de que los acreedores no tienen nada que decir ni que negociar, en aquellas medidas económicas que deberá acordar el gobierno griego y que deberán aceptar los ciudadanos y ciudadanas de la Grecia actual y de los próximos años. Se trataría, más o menos, de que los acreedores de la enorme deuda griega, asumieran las promesas del gobierno griego y siguieran adelantando las cantidades de liquidez necesaria, para que los griegos no tuvieran que realizar excesivos esfuerzos para ahorrar, con el objetivo de poder cumplir con sus compromisos internacionales de pago de su deuda. Un claro factor de riesgo para el euro y la Unión Europea.

En España, hemos empezado a visualizar los diversos pactos en Ayuntamientos y Comunidades Autónomas, entre las variopintas fuerzas de izquierdas, resumidas en dos partidos políticos, PSOE y Podemos. Si para la recuperación económica y de la confianza ciudadana, era necesario un pacto de estabilidad política y social, que permitiera el mantenimiento y la mejora de las inversiones empresariales para nuestro futuro; parece claro que vamos viendo y escuchando ciertas declaraciones y algunas decisiones de los nuevos poderes públicos locales y autonómicos; así como de portavoces cualificados de las empresas de diversos niveles, que nos indican que estamos en un claro riesgo de retroceso, que podría derivar en una fuerte crisis social y política, así como en una recaída en los niveles de bienestar económico, que lentamente se iban recuperando, durante el último año.

Por último, en Catalunya, ya hemos podido ver los resultados de las elecciones municipales y de la formación difícil de algunos gobiernos. Destaca el de Barcelona, en el que la nueva alcaldesa no sólo ha manifestado que la legalidad deberá acomodarse a las necesidades sociales, sino que ya ha tomado la decisión de renunciar a unos Juegos de ámbito mundial y de repercusión en varias comarcas pirenaicas, sin otra reflexión que la suya propia y sin necesidad de pactar, con sólo 11 concejales de un total de 41 del pleno del Ayuntamiento. Un factor de riesgo importante y actual, salvo que la Sra. Ada Colau entienda, fácil y rápidamente, la importancia de Barcelona en el conjunto de Catalunya y la necesidad, en democracia, de tener mayorías previas para tomar decisiones importantes.

Y, recientemente, hemos visto ya la ruptura de la Federación de CIU, que va a provocar unos verdaderos cambios sociales y políticos en la sociedad catalana, antes y después del 27-S; sean cuales sean los resultados electorales de las próximas elecciones autonómicas. La realidad ya no volverá a ser la misma. Es el efecto de no retorno, al que ya se han referido algunos políticos importantes del ámbito independentista. Otro factor de riesgo, que iremos viendo cómo y de qué manera va incidiendo en la sociedad catalana, dentro de los próximos meses.

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