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Fernando Simón

Álex Saldaña

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Álex Saldaña

Álex Saldaña

Leo con asombro que la magistrada que instruye la causa sobre la manifestación del 8-M ha rechazado actuar contra el director del Centro de Coordinación de Alertas Sanitarias, Fernando Simón.

Asombro, no por esta decisión de la jueza, sino por el hecho de que alguien haya acusado a Simón de todavía no sé muy bien qué.

Como dice una amiga mía, este señor debe de ser un crack para que, ahora que por fin tenemos un presidente guapo, le haya robado el protagonismo un hombre de 59 años con la voz ronca, ojeroso, mal afeitado, que viste siempre igual –jersey con cuello a la caja y camisa–, con unas cejas pobladas y un pelo alborotado.

Y, efectivamente, cuando uno repasa la trayectoria de Fernando Simón descubre a un científico enormemente competente. Médico epidemiólogo por vocación, este maño que domina seis idiomas ejerció su profesión en pueblos de Huesca y en Zaragoza antes de que su afán por ayudar a los más necesitados le llevara a distintos países de África –vivió la guerra en Burundi en primera línea hospitalaria cuando era voluntario de Médicos Mundi– y América Latina, dirige el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, que él mismo montó –aunque con otro nombre– en 2003, cuando Ana Pastor era ministra de Sanidad.

Doce ministros de derechas y de izquierdas después, Fernando Simón sigue al pie del cañón. Por algo será. Pero además de su competencia científica, destaca su calidad humana. Quien le ha tratado de cerca dice que es como se muestra ante la prensa, «prudente, didáctico, empático, sabio», y que no tiene problema en disculparse cuando se equivoca. Quizá sea eso lo que no se le perdona.

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