Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Fiestas populares

Whatsapp

Mucho cuidado con comer carne procesada. Ni se le ocurra fumar ni oler el tabaco. Ojo con la comida basura. Modere el consumo de la bollería fina... Las autoridades sanitarias advierten cada dos por tres de esto o de lo otro, y pobre del que incumpla: palo y tentetieso en forma de sanción o penas severas.

Todo esto está muy bien, pero no comprendo demasiado por qué toda esta estrategia no se extiende también a otras conductas nocivas, que sorprendentemente se potencian por las propias administraciones. Pienso, por ejemplo, en los festejos populares. Los brutales decibelios de las orquestas y atracciones en el centro de las localidades, desafiando tímpanos y cristales a todo vatio hasta bien entrada la madrugada, no importan. Tampoco, los ancianos, enfermos o niños que precisan de esas noches para descansar. De esto, nada hablan los mandamases de la salud. Su silencio cómplice alcanza también al abuso del calimocho y la litrona entre adolescentes en las inmediaciones de los recintos festivos, junto a otras sustancias perseguidas por la justicia.

Las plazas de España se convierten en agosto en mingitorio y vomitorio auspiciado precisamente por quienes debieran, como en Roma, cumplir con la máxima de ‘salus populi suprema lex esto’.

Jesús Martínez Madrid

(Salt)

Temas

  • CARTAS AL DIRECTOR

Comentarios

Lea También