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Fin de la primera parte

'Oriente y Occidente no se encontrarán nunca', dijo Kipling poco antes de morir
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Los tres terroristas han muerto acribillados, pero hubiera sido preferible que el triple acontecimiento hubiese antecedido a su espantoso crimen. Ahora, cuando París y el mundo recobran la normalidad, se nos ha olvidado cómo eran las épocas normales. Quizá no vuelvan nunca porque no estuvieron antes. Las venganzas se encadenan y nadie sabe quién fue el primer vengativo ni cuál será el último que crea eso de que el perdón es el único sistema que hemos conseguido para modificar el pasado.

Alguien que perteneció tanto a Oriente como a Occidente, el gran Rudyard Kipling, no se mostró optimista, y su profecía no pudo ser más clara. «Oriente y Occidente no se encontrarán nunca», dijo poco antes de morir y de haber entregado su vida a que se entendiesen. Ahora, lo que urge después de la conmoción es volver a la normalidad, pero se nos ha olvidado cómo era. ¿Consistía en ganarse la vida con lo que nos queda a cada uno después de pagar nuestros impuestos? ¿En interesarnos por equipo de fútbol de nuestros amores, que el que más odian otros?

La vida cotidiana puede ser aburrida, pero tiene vital importancia para casi todos. La caída del Ibex, en la peor sesión en dos años y algo, trae locos a algunos al hundirse un 14% del Santander. La gente se pregunta dónde vamos a parar, pero otros, mejor informados, saben que no vamos a parar nunca. La infanta doña Cristina se sentará en el banquillo, ya que el juez Castro, instructor del ‘caso Nóos’, no ha admitido el recurso. Otra diversión nos espera. Ojalá no se derrame sangre, que siempre es colorada. A mí el que más me preocupa es el señor Díez, viudo de la duquesa de Alba. No tengo el gusto de conocerle, pero me parece una buena persona. Ahora está buscando un pacto con los hijos de la señora. Quiere un piso y un dinero mensual para renunciar al testamento. Otros no se conforman ni siquiera con muchísimo más. Y al contado, que todo depende de quién haga las cuentas.

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