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Ganar a Hillary

Para los europeos, sería una presidenta de EEUU conocedora de nuestro continente
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La candidatura de Hillary Clinton a la presidencia de Estados Unidos por fin se ha hecho oficial. Aunque era un anuncio esperado, no ha dejado de tener un gran impacto y de crear grandes expectativas. Se trata de la primera mujer con posibilidades ciertas de ser elegida para realizar el trabajo más importante del mundo. La aspirante reúne cualidades impresionantes de liderazgo: una larga trayectoria profesional, energía, capacidad de superación y determinación apabullante y conocimientos, inteligencia y contactos como pocos políticos tienen. Sobre el papel, es difícil mejorar el perfil y los apoyos de la candidata. Su principal rival es ella misma, por su autoexigencia y dureza, características que la pueden hacer menos atractiva ante los votantes. Para los europeos, sería una presidenta de EEUU conocedora de nuestro continente y todavía conectada emocionalmente con la comunidad atlántica. Es posible que en su partido ningún rival de peso le plante cara en las primarias. El más popular entre los demócratas, según las encuestas, es el vicepresidente Joe Biden, por su combinación de simpatía y veteranía. siempre que no se presente a unas elecciones, advierten los preguntados. Hillary enseguida ha hecho un guiño a las bases. Sus primeras propuestas electorales se orientan hacia la lucha contra la falta de igualdad de oportunidades, una vez que el país ha salido de la crisis pero con una clase media menos pujante y más temerosa del futuro. Esta plataforma doméstica le ayuda a adentrarse en otros territorios y, en especial, conquistar a los votantes más jóvenes y a miembros de minorías nacionales, que tienden a no votar, y que fueron decisivos en las dos victorias de Barack Obama.

En el campo republicano todavía no hay favoritos claros. Más de media docena de postulantes preparan sus estrategias y se afanan en recaudar las cifras astronómicas que son necesarias para jugar a las primarias. Es una financiación privada que fija las posiciones y condiciona las promesas de cada uno. Jeb Bush, exgobernador de Florida, sigue siendo el candidato más proclive a renovar el partido, abriéndolo a la minoría latina y cambiando el discurso duro sobre inmigración. Jeb habla español, está casado con una mexicana y se ha autodefinido en documentación oficial como ‘hispano’. Su hermano, el expresidente George Bush, ha declarado que él se sabe el principal problema de esta candidatura y que por ello, más allá de expresar su afecto fraternal, no intentará aconsejarlo ni tomar parte en la campaña. El gobernador de Wisconsin, Scott Walker, ha comenzado por su parte a criticar antes que nadie el poder del clan Bush. El cubano-americano Marco Rubio ha oficializado su candidatura a las pocas horas del lanzamiento de Hillary, tal vez intentando contrapesar a esta veterana. Otros aspirantes –Rand Paul, Ted Cruz, John Kasich– hacen ejercicios de calentamiento, sabiendo que el partido es contra Hillary Clinton y que para ganarla será necesario que la propia candidata les ayude.

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