Ganar a la pobreza

ÁLEX SALDAÑA

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Ganar a la pobreza

Ganar a la pobreza

Hay éxitos que tienen un sabor especial, por el mérito y la historia de superación que esconden. Como el de la mexicana Sofía Ramos, quien ganó el oro en la categoría de 10 kilómetros marcha en el Mundial Sub-20 de atletismo en Nairobi, Kenia. Porque antes de la medalla tuvo que ganar otras muchas batallas. La más importante, la de la pobreza. Esta joven vive en un asentamiento chabolista sin acceso a ninguno de los servicios básicos.

Allí no hay tuberías ni líneas telefónicas, y sus 150 habitantes, que subsisten en su mayoría recolectando basura en vertederos, roban la electricidad de los cables de la calle. Sofía comenzó a practicar la marcha atlética a los 11 años. Sus primeras pistas de entrenamiento fueron los caminos de tierra y las vías del tren que pasan junto a su casa, una vivienda de madera y cartón. Contó con el apoyo de su madre, una exjugadora de baloncesto que transmitió el gusto por el deporte a sus hijas.

Pero todo lo demás fueron dificultades: y es que lo más complicado no fue lograr el tiempo necesario para clasificar al Mundial, sino juntar el dinero para pagar su billete de avión a Nairobi. La Federación de Atletismo le dijo que si no reunía ella el dinero –1.700 euros, para una familia que percibe menos de 450 al mes– en un par de semanas no la registraría. Su madre no podía permitir que su sueño muriese de esa manera. Empeñaron lo que no necesitaban, prepararon bocadillos y los vendían en los mercadillos...

Y lo lograron. «Cuando compramos el billete y registraron a Sofía nos pusimos a bailar de felicidad», dice la madre. Y Sofía compitió. Y ganó. A sus rivales, pero, sobre todo, a la pobreza.

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