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Gary Cooper

Antoni Coll i Gilabert

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Con perdón de Leonardo DiCaprio, la ceremonia de los Oscar, tan magistralmente avanzada por Eduardo Castaño en el Diari, me evoca a uno de mis actores preferidos de la época dorada de Hollywood: Gary Cooper.

La película Alas, en la que actuaba, rodada en 1928 todavía en cine mudo, ganó el primer Oscar que dio la Academia. Después logró uno con El sargento York (1941) y otro con Sólo ante el peligro (1952).

Era además una gran persona. Accedió a acompañar a su esposa e hija, que eran católicas, a una recepción de Pio XII. Habían comprado muchos rosarios, anillos y medallas para que los bendijera, pero él en el momento de mostrárselos perdió pie al tratar de arrodillarse y los esparció por el suelo. Su posterior conversión le ayudó a mantenerse sereno en su lucha contra el cáncer, durante la cual rodó El árbol del ahorcado. Sus Oscars quedan lejanos, pero sus películas permanecen.

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