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Gente nueva

Todos los líderes tienen fecha de caducidad, como los yogures

Manuel Alcántara

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La guerra fría entre Aznar y Rajoy está que arde. El expresidente don José María y el futuro expresidente don Mariano están de acuerdo en todo, menos en sus planes de futuro. Se saludan, porque son dos personas bien educadas, pero lo que más les gusta es despedirse. «Hasta más ver», se dicen, aunque no puedan ni verse las caras, que por cierto son de la misma moneda. Lo más llamativo de su encuentro con motivo del 80 cumpleaños del gran Vargas Llosa, que se ha propuesto ser inmortal hasta que muera, ha sido la reclamación del ex más antiguo. «Necesitamos nuevos liderazgos a la altura de los desafíos que tenemos». Quizá lleve razón, pero ya sabemos que con la razón no se va a ninguna parte.Todos los líderes tienen fecha de caducidad, como los yogures. El honroso puesto les exige tener muy mala leche y muy buenas tragaderas. El pertinaz es el que mejor lo ha entendido y negocia a dos bandas, a sabiendas de que hay muchos más bandidos que sillones. Aceptar lo que proponen, ya sea un plan para luchar contra la pobreza y otro simultáneo para que se enriquezcan más los ricos, tiene mucho mérito. Más aún lo tiene llegar a un acuerdo con la Santa Madre Iglesia y transformar la derogación en revisión. ¿De qué color se pintan las líneas rojas trazadas por el referéndum catalán? Es admirable la vocación política porque todo el que toque poder está expuesto a que le dé un calambre, ya sea Iglesias, Sánchez, Rivera o algunos de sus más inmediatos seguidores, que también los segundos de a bordo corren riesgo de que la tripulación los tire por la borda. Si hay gente que no se cae bien ni a sí misma, no debemos sorprendernos que no le caigan bien a sus partidarios. Nietzsche creía, antes de volverse loco, que hay personas que gobiernan por el gusto de gobernar y otros por no ser gobernados. Estimaba que las dos cosas son malas, pero la segunda no es la peor. Quizá lo preferible sea que los mandamases dejen una transición ordenada, como ha hecho César Alierta después de 16 años al frente de la mayor de las multinacionales españolas. Los teléfonos deben seguir sonando y no hay que descolgarlos. Salvo en defensa propia.

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