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¿Gran Bretaña sin Escocia?

Si Cameron no responde a las demandas escocesas, la petición de un nuevo referéndum separatista no se hará esperar
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Agoniza Gran Bretaña tal y como la hemos conocido durante más de 300 años, es decir, sin Escocia? Probablemente no, o todavía no, pero el resultado de las elecciones generales ha enviado una señal potente de por dónde va el país, incapaz de preservar el viejo ser británico trinacional con Inglaterra, Escocia y Gales como patas de un banco que sirvió mucho y bien durante tanto tiempo. El auge del Partido Nacional Escocés ha sido aplastante a costa de los laboristas. Es sabido que los escoceses votaron en septiembre del año pasado y por poco (un 55%) dijeron ‘no’ a la independencia, pero la cifra, consoladora, no ocultaba que la consulta se parecía poco a la de 1979, que rehusó elegir un legislativo escocés antes de cambiar de humor y obtener en 1997 la llamada «devolución del Parlamento propio». ¿Qué queda ahora? Es sencillo: Ver qué harán con Escocia los vencedores. Si Cameron no responde a las demandas escocesas, la petición de un nuevo referéndum no se hará esperar y esta vez el resultado podría ser distinto. Y al fondo, la Unión Europea, que sigue los acontecimientos con una mezcla de consternación y respeto por la tan reconocida especificidad británica, con la que Londres consiguió excepciones jurídico-políticas para entrar en el proyecto que son percibidas, hoy como ayer, como excepcionales, abusivas y poco justificables: un status único en un club que allí ven como continental. Gran Bretaña, la Escocia de Europa.

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