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Grecia debe ajustarse el cinturón

Españoles y portugueses nos hemos apretado el cinturón hasta las orejas y los griegos no están por la labor. No es de recibo
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Muchos intereses personales, partidistas y electoralistas, sobre todo, están encima de la mesa de las negociaciones con el Gobierno griego del primer ministro Alexis Tsipras. Y debe quedar claro que las negociaciones son con un Gobierno y no con el pueblo griego que estos días anda muy mareado porque en su nombre se actúa de manera desenfrenada. Es cierto que una buena parte del pueblo griego vive en una situación de enorme dificultad y con escasas esperanzas de poder disfrutar de una vida lo más digna posible. Pero también es muy cierto que otra buena parte, muy elevada, goza de una situación de privilegio porque el caos les exime de los impuestos, pueden jubilarse a una edad increíble, los sueldos de funcionarios, pensionistas y salario mínimo está por encima de la media europea y otras ventajas para que dejemos de darle algo a nuestros hijos para dárselo a los griegos. No es falta de solidaridad. Es una frivolidad y una provocación que unos políticos populistas prometan una amplia panoplia de medidas favorables a los habituales intereses vagos de los ciudadanos griegos para conseguir los votos suficientes para llegar al poder y desde allí intentar dinamitar el sistema establecido. Españoles y portugueses nos hemos apretado el cinturón hasta las orejas y los griegos no están por la labor. La situación es grave y se está dilucidando algo más que un gran puñado de millones de euros, hablamos de estar o no con Europa.

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