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Grecia pasa por el tubo

Tsipras ha tenido que aceptar unas condiciones mucho más drásticas que las planteadas antes del famoso referéndum
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Sería difícil encontrar mejor aplicación al refrán ‘ir por lana y volver trasquilado’. Es lo que le ha ocurrido a Grecia en sus negociaciones para conseguir un tercer rescate. No había más remedio. Los bancos helenos agotaban los últimos euros de sus reservas. O había un acuerdo que permitiera que el dinero del Banco Central Europeo manara nuevamente en los depósitos griegos o el colapso del país era inminente. La gravedad de la situación y el convencimiento de que los países duros de la Unión estaban dispuestos a expulsar a Grecia del euro, han doblegado totalmente a Tsipras que ha tenido que aceptar unas condiciones más draconianas de las que se le habían impuesto antes del referéndum. El endeudamiento de Grecia con sus acreedores, sumando también los intereses del dinero prestado, alcanza los 322.000 millones de euros, cantidad que supone el 180% del PIB griego. Para hacer frente a este monstruoso lastre, Grecia deberá transferir activos a un fondo independiente diseñado para recaudar 50.000 millones de euros, tres cuartas partes de los cuales se utilizarían para recapitalizar los bancos y reducir la deuda. Los socios de la UE quieren que el país privatice activos como la red eléctrica, aunque Atenas pretende mantenerla bajo control del Estado. Europa supervisará todo el proceso de privatizaciones. Con la recaudación, los socios buscan una especie de aval para el tercer rescate. Lo dicho, Tsipras fue a por lana y ha vuelto trasquilado.

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