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Grecia tiene precedentes

Los países acreedores condonaron a Alemania un 62,5% de su deuda de guerra
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Algunas veces, echar la vista atrás y recordar la Historia no viene mal. Grecia está en la cuerda floja desde hace tiempo y el gran problema que enfrenta es la deuda que tiene contraída con una caterva de acreedores. La mala Administración con que cuenta y el indudable descontrol con que sus gobernantes anteriores manejaron hasta ahora sus finanzas y la demagogia que mueve a los actuales despierta muchas resistencias europeas a seguir financiando sus urgencias económicas. Es comprensible, aunque tampoco habría que olvidarse de otras situaciones similares que precedieron a la crisis actual.

A finales de la década de los cuarenta y primeros de los cincuenta del siglo pasado, el gran problema europeo era la situación de la Alemania recién derrotada tras la locura nazi, dividida, odiada por casi todo el mundo, con sus familias destrozadas, los cementerios rebosantes, las infraestructuras deshechas, la moneda convertida en papel higiénico y una deuda acumulada ya desde el periodo de entreguerras que los expertos consideraban de forma unánime como imposible de pagar.

Hasta que otros países, empezando por las grandes potencias vencedoras, ya sin la Unión Soviética, y acabando por todos los que habían sido agredidos y ocupados por las tropas de Hitler durante la Guerra, incluso otros semineutrales como España, hicieron de tripas corazón y decidieron acudir en su auxilio. No era fácil; de hecho, solo los Estados Unidos estaban en condiciones de ayudar a los vencidos a salir de su drama y lo empezaron a hacer a través del Plan Marshall. Pero los demás tampoco se escaquearon del compromiso humanitario y político.

En febrero de 1953 se inició en Londres una reunión de representantes de países acreedores, en total dieciocho. El objeto era buscar soluciones para que la República Federal de Alemania pudiese pagar su deuda cuyos intereses se llevaban cada año la práctica totalidad del presupuesto. Las reuniones, en las que intervenían políticos y técnicos, se prolongaron con sus tiras y aflojas hasta el verano en que llegaron a un acuerdo que los alemanes de bien nunca podrán olvidar.

Todos los países acreedores decidieron condonarle al nuevo Estado un 62,5% de la deuda, lo cual fue un respiro inconmensurable para el Gobierno de Bonn que presidía el canciller Konrad Adenauer. Gracias a aquella quita, el país pudo acometer su reconstrucción, la incorporación a las instituciones internacionales como la OTAN, la recuperación de las relaciones con sus vecinos y un despegue de su economía que acabaría siendo conocido como el milagro alemán. Uno de los dieciocho países que asumieron la quita había sido invadido por los nazis, había sufrido en carne propia su crueldad, también estaba destrozado y se enfrentaba con muchas dificultades a la vuelta a la normalidad. Se llama Grecia.

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