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Grecia y Europa se la juegan

El análisis requiere de la objetividad para reconocer que el motín griego responde a algo más que a un rasgo populista
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Los ciudadanos griegos deciden hoy el futuro que les aguarda de forma inmediata. Pero no solo Grecia se la juega, también Europa entra en liza en la consulta de hoy. Con independencia del resultado del referendum, el amotinamiento de Syriza contra el directorio europeo es histórico. Y se sintonice o no con las políticas de este partido, el análisis requiere de la objetividad suficiente para reconocer sin paliativos que el motín griego propulsado por Alexis Tsipras responde a algo más que a un rasgo populista de su política. Quizá al pulso a que le ha querido someter la UE.

El gobierno de Tsipras enarboló principios en los que muchos podríamos estar de acuerdo siempre que esos principios no se convirtieran en promesas electorales imposibles y se tratara de llegar a ellos dentro de las reglas de juego que todos nos hemos impuesto en la UE. Pero no fue así. Prometió lo que no podía hacer y si Bruselas hubiera seguido ese juego, la mitad de los países podrían tomar ejemplo y terminar de esa forma nada menos que con el valor de la moneda única creando una inseguridad jurídica generalizada, que haría más pobres a los más débiles y más ricos a los más poderosos. Cuando se necesitan con urgencia cincuenta mil millones de euros para sobrevivir, no parece muy recomendable echar pulsos a nadie. Grecia dirá sí o no en el referéndum de hoy y se imponga lo que se imponga, gane quien lo gane, el resultado, posiblemente, no beneficiará a nadie.

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