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Guerra de recelos

Encontrar una solución de gobierno requiere un alarde de grandeza y de sentido de Estado por parte de todos los partidos

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La política española inicia una trascendente semana para comprobar si esta vez será posible formar gobierno. La dificultad no es poca porque en el caso español existe un doble problema que se debe superar: el del líder con relación a su partido, y el del partido con relación a sus electores. Esto quiere decir que el mejor pacto político es el que beneficia a la vez al líder del partido, garantizando su permanencia, a la vez que beneficia también al partido, garantizando que no va a perder votos, y beneficia finalmente a los ciudadanos/electores, garantizando que se va a aplicar el programa que han votado. Si los tres intereses se encuentran razonablemente alineados, la solución resultará sencilla. En caso contrario puede tender a lo imposible, porque habría que poner de acuerdo unos cuantos intereses concurrentes potencialmente contradictorios. Se entenderá, pues, que Rajoy, cuyo interés es mantenerse en el poder, recele de Ciudadanos porque cualquier concesión puede arrebatarle votos en beneficio de Rivera, y estaría en cambio dispuesto a efectuar grandes concesiones al PSOE porque ello no le resta votos aunque perjudique a sus electores, que verían recortado el programa electoral originario. Casar todos estos intereses en juego sólo es posible mediante un alarde de grandeza y de sentido del Estado por parte de todos los agentes, los partidos. Y estos ingredientes escasean en este país. De ahí la dificultad de salir del laberinto.

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