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Hacia una sociedad más sensible

Prácticas como las del Toro de la Vega no tienen justificación alguna, y mucho menos pueden fundamentarse en la tradición

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Afortunadamente las costumbre sociales evolucionan, generalmente en positivo, pero todavía quedan algunos reductos que persisten anclados en el pasado con el único argumento de la tradición. Uno de estos casos es el Toro de la Vega. Realmente hay que tener muy poca sensibilidad para no sentirse cuando menos molesto por una práctica que consiste en perseguir brutalmente a una res y lancearla hasta darle muerte. Los defensores de tal suerte no alcanzan más allá del argumento de que se ha hecho siempre para defender su continuidad. Este año se ha dado un paso al prohibir la muerte del animal, pero persiste la esencia de convertir la fuerza bruta en espectáculo. El Toro de la Vega sin muerte en público ha conservado todo el resto de rituales que significan un verdadero repertorio de maltrato animal. Frente a este lamentable ejercicio inhumano surgen movimientos y organizaciones que luchan por superar el lado salvaje de nuestra especie, como es el caso de la Fundación ProVegan, que dispone de un recinto en Marçà en el que atienden todo tipo de animales enfermos o maltratados. Son casos que se sitúan en el otro extremo, pero lo importante es que, entre las posiciones activas de unos y el debate público consigamos avanzar hacia una sociedad más sensible, más tolerante, más amante de la belleza en la que la crueldad, la salvajada y, en definitiva la violencia por la violencia, aunque sea contra animales, no tengan cabida.

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