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Hacienda somos todos

Es necesario que ese afán que se pone en vigilar a pymes y autónomos se extienda también a las grandes empresas
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Hacienda parece haber emprendido una guerra sin cuartel contra el fraude y ha enviado a una legión de inspectores a visitar restaurantes en los que se celebran banquetes de boda para corroborar que todo el personal que se encuentra trabajando allí lo hace con todos los contratos en regla, entre otra serie de cosas. En principio, es de aplaudir el hecho de que las autoridades persigan el fraude y la economía sumergida, males instalados en el corazón de nuestra sociedad y por los que pagamos todos. Pero, dicho esto, y para que Hacienda de verdad seamos todos, es necesario que ese afán que se pone en vigilar a las pymes y a los autónomos se extienda también a las grandes empresas. No es de recibo que, como denuncian los propios técnicos de Hacienda mediante un comunicado de la asociación que los agrupa, Gestha, «actualmente el 80% de la plantilla se centra en perseguir los pequeños fraudes e irregularidades de autónomos, pymes, trabajadores o pensionistas, mientras que sólo el 20% restante persigue el fraude más cuantioso y sofisticado de las grandes fortunas, corporaciones empresariales y multinacionales, responsables de casi las tres cuartas partes del fraude». Asimismo, si el Estado pretende ser creíble en su labor de concienciación está obligado a dar ejemplo. No puede ser que se persiga a los pequeños y medianos empresarios mientras el partido que sustenta al Gobierno levanta su sede con dinero de la caja B.

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