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Hooligans del formato

Raúl Cosano

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Hay una banda de Tarragona que, de tan punk, amenaza con sacar su próximo disco en cassette. Eso sí: más por ser grunge que vintage. Leo por ahí que el formato rebrota al amparo de la tontería nostálgica, y a mí me vienen a la cabeza los hooligans del soporte, los acérrimos y nostálgicos del vinilo, tostones de la cosa romántica musical. Que cada cual escuche la música donde y como quiera, claro, pero sin dar lecciones ni repartir el carnet de autenticidad. Entiendo la magia de la liturgia de escuchar según qué cosas como antaño, de ir a la tienda –si las hubiere aún– en busca del disco original, pero censuro a los puristas que desdeñan a los formatos por novedosos o desbordantes. Le tengo especial cariño al CD y me considero hijo del emepetres (forjó su fama en el mercadeo pirata del instituto) pero creo en la grandeza de la diversificación de formatos, quizás porque hasta puedo escuchar basura en cualquier lado; y tan pronto ponerme marqués con copazo de vino para oír en vinilo a la Electric Light Orchestra, como aplicarme con el Chivi en un archivo bastante deficiente, grabado desde hace años en un disco ya polvoriento de Verbatim, obtenido de cualquier trapicheo adolescente. Pues eso: que odio la dictadura de los formatos y cierto tipo de coleccionismo plasta. Definitivamente, el postureo, la impostura, es uno de los males del primer mundo. Y nosotros, que alrededor de él, filosofamos sin dejar de mirarnos el ombligo. Sólo hace falta que alguien venga a hablarnos ahora de las bonanzas y de lo práctico y cómodo que era el cassette, y de que eso de internet está muy bien, pero que donde se ponga el Teletexto que se quite todo lo demás.

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