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Opinion Editorial

‘Independencia o barbarie’

La violencia lo es en cualquiera de sus formas y todas ellas deben ser firmemente rechazadas.

 

Diari de Tarragona

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Acción de los CDR en Barcelona esta semana. EFE

Acción de los CDR en Barcelona esta semana. EFE

La bandera diferencial de la que siempre ha hecho gala el movimiento independentista catalán ha saltado por los aires. El carácter pacífico que constantemente han reivindicado los promotores del procés ha pasado a la historia. La protesta pacífica debía ser el gran argumento internacional para cosechar las simpatías de todas las democracias del planeta. El gran argumento se ha roto en mil pedazos. Y lo que es peor, aquella consigna que en su día fue el santo y seña de las reivindicaciones independentistas, es ahora denostada a beneficio de otros lemas más que preocupantes, como el lanzado desde las filas de los Comitès de Defensa de la República (CDR): «Independencia o barbarie». En un texto difundido el miércoles, los CDR apuntan que empiezan un nuevo ciclo de movilizaciones de la «revuelta popular», que conjuntamente con las acciones del Tsunami Democràtic «han roto con la normalidad». Que grupúsculos minoritarios fuera de control campen a sus anchas podría entenderse, aunque no tolerarse. Sin embargo, lo que provoca mayor preocupación es que las acciones violentas que promueven bajo los conceptos de CDR y Tsunami Democràtic se alienten desde las instituciones catalanas. Primero fue el propio president de la Generalitat, Quim Torra, quien en un acto de irresponsabilidad institucional y política espoleó a los citados grupos con el consabido «apreteu, apreteu». Recientemente también la presidenta de la Assembla Nacional Catalana, Elisenda Paluzié, justificaba los beneficios propagandísticos de las algaradas frente a las concentraciones serenas que no captan la atención de la prensa internacional. El clima de violencia que persiste en las calles, con constantes alteraciones de la normalidad en los transportes y en la vida cotidiana, no es la mejor manera de reclamar un diálogo fructífero, ni tampoco es la manera de dar credibilidad al carácter democrático de las reivindicaciones. No hay violencia de baja o alta intensidad. La violencia lo es en cualquiera de sus formas y todas ellas deben ser firmemente rechazadas.

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