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Indicios de delito

Lo que no debería ser obligatorio es consentir que los partidos nos roben
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Un informe del Tribunal de Cuentas ha detectado las trampas financieras de todos los partidos. No de uno, que eso solo ocurre en las dictaduras y nadie se arriesga a detectarlas; ni de dos, ya que el bipartidismo une mucho, sino de todos los partidos. Dicho de otro modo: si alguien insiste en mantener una conducta decente tiene que acampar fuera. No es una de las perplejidades menores de la vida española averiguar por qué los señores del Tribunal de Cuentas no han sido recluidos en algún centro benéfico de salud. Desde condonaciones ilegales de deudas y falsos cómputos de préstamos hay de todo, pero lo más curioso es que no se libre ninguna de las organizaciones. Hablamos del último auditado, que es el de 2012, pero la plusmarca de la desvergüenza puede ser superada. ¿Será posible que no haya nadie que nos sirva de estímulo y ejemplo?

A los partidos políticos los mantenemos todos los ciudadanos, ya que nuestra contribución es obligatoria. Lo que no debiera ser obligatorio es consentir que nos robaran. Las acusaciones que se hacen mutuamente los partidos, basadas en el «y tú más», han llegado a convencernos, pero no sabemos quién se llevará el título de campeón. Eso de que no haya ningún partido absolutamente limpio puede ser llevadero -enfermo que enjuaga, algo traga-, pero lo verdaderamente patético es que no haya dónde poner los ojos que no sea con vistas a alguna pocilga.

Quizá no haya nada más desmoralizador que este convencimiento del Tribunal de Cuentas de que todos los partidos huelen que apestan, aunque se les olfatee a distancia. No basta con lejanías, porque la impregnación llega a todas partes. Incluso los que sabemos que la política puede ser una tarea desalmada estamos llegando a saber que es más bien una ocupación maloliente. Siempre la gente mala nos hace ser un poco peores, pero hay momentos en que la gente buena colabora. Los del Tribunal de Cuentas quizá debieran ser más discretos, pero hay tanta ropa sucia que no puede lavarse en casa. Además, no hay lavadora.

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