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Infancia misionera

El año pasado los misioneros fueron noticia por un hecho inesperado: la extensión del ébola
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El año pasado los misioneros fueron noticia por un hecho inesperado: la extensión del ébola. Aunque en España se siguieron especialmente las noticias de los repatriados, fueron muchos los que se contaminaron y murieron en los países africanos en los que esta enfermedad tan contagiosa se hi-zo más presente, sobre todo en Liberia, Sierra Leona y Guinea Conakry.

La preocupación por el ébola no debe hacernos olvidar, sin embargo, las personas, sobre todo niños, que murieron por otras enfermedades, como el paludismo, la difteria, o simplemente por desnutrición.

La Infancia Misionera es una obra pontificia que antes se llamó Santa Infancia. Se trata de que los niños vivan el espíritu misionero de ayudar a los pequeños que habitan en estos países que antes llamábamos lejanos y que ahora están a pocas horas de avión.

¿Cómo puede ayudar un niño al bienestar material, pero sobre todo espiritual, a otros niños que en la mayoría de casos no han recibido el bautismo y no conocen a Jesucristo? Puede parecer que cualquier cosa que haga un niño tendrá poca eficacia; pero no es así: pueden ayudar rezando y colaborando, con avemarías y unos céntimos.

Las oraciones infantiles tienen valor a ojos de Dios, quien dijo: «Dejad que los niños vengan a mí», y sus ayudas, aunque simbólicas, permitieron el año pasado afrontar dos mil proyectos en países de misión. Unos céntimos de nuestro país valen como euros en otros en los que el salario es a veces de un euro diario.

Infancia Misionera no es una obra caritativa, sino evangelizadora, pero desde siempre la Iglesia ha rechazado distinguir entre la ayuda material y la espiritual.

Los niños, que actualmente nacen ya en un ambiente global, de razas y creencias, de comunicaciones sin fronteras, pueden ser estimulados a pensar en sus pequeños prójimos, amantes también del fútbol o de los videojuegos, pero con dificultades de salud o de educación.

Juan Pablo II llamó a los niños de la Infancia Misionera «los pequeños grandes colaboradores de la Iglesia y del Papa». También yo, que he conocido de niño las huchas de la Santa Infancia, deseo alentar a los formadores para que cultiven en las almas infantiles estos deseos de solidaridad que les harán mejores personas y a la vez salvarán muchas vidas humanas tan frágiles que dependen de nosotros.

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