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Ingratitud

Este fin de semana ha dado ocasión para reflexionar sobre la ingratitud a costa de lo sucedido con dos personajes
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Este fin de semana ha dado ocasión para reflexionar sobre la ingratitud a costa de lo sucedido con dos personajes

El primero es Iker Casillas. Tras 25 años en el Real Madrid, «el Santo» que Mourinho bajó de la peana, se va por la puerta de atrás al Oporto, donde cobrará 5 millones de euros al año, en vez de 13 que tenía pactado con el Madrid, que será quien pague los 8 restantes. Después de ser el héroe de tantos encuentros, una parte del público comenzó a silbarlo.

El segundo es Artur Mas, herido por extenderse la idea de ser apartado de las listas, por inspiración de Junqueras acogida por Omnium e incluso por la ANC, a cuyo servicio Mas ha estado como un capataz fiel. El mismo Mas ha tenido que recordar que siempre obedeció a la ANC, cosa que yo consideraba un defecto y él argumenta como mérito, y que está procesado por ello.

Tanto Casillas como Mas deben verse como víctimas de la ingratitud.

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